Frankenstein y los Monstruos del confinamiento

Tiempo de lectura: 5 min

Frankenstein y los Monstruos de confinamiento

 

 

Se escucha un sonido constante y rítmico, algo está golpeando el cristal de la ventana, aguanieve, “¡Cómo puede ser! ¡Si es verano!” Mary Shelley abrió la puerta y se asomó al balcón, el cielo estaba totalmente cubierto por un manto color gris ceniza y hacía un frío inusual para ser Suiza en periodo estival, aquel verano de 1816 no existiría, como tampoco lo haría la primavera del 2020.

 

Nieve en el cristal

 

 

 

 

 

 

1816 el año sin verano, 2020 el año sin primavera

 

 

Unos pocos meses antes el volcán Tambora en Indonesia había entrado en erupción, lanzando grandes cantidades de azufre a la estratosfera. Aquella sería la erupción más grande en 1.300 años, causando miles de muertos y anomalías climáticas en todo el mundo. El cielo gris ceniza impediría salir el sol arruinando cosechas y matando al ganado, aquello provocó la peor hambruna del siglo XIX, además de enfermedades y epidemias de tifus y cólera. Y ahora en plena pandemia otro volcán parece sentir nostalgia de aquellos tiempos.

 

 

 

Lord Byron tenía previsto pasar aquel verano con algunas de sus amistades en una villa a orillas del precioso lago Leman, en Suiza, entre ellos se encontraba Percy Shelley, Mary Godwin, quien tomaría el apellido Shelley tras casarse con él años más tarde, y el joven John Polidori, el médico personal de Byron.

 

El mal tiempo truncó sus planes y les obligó a estar confinados en la Villa Diodati. Aquel año sin verano sería el origen de nuestras pesadillas, que aunque con monstruo sin rostro, ahora parecen volverse realidad en el año que nos robaron mucho más que la primavera.

 

Montañas Suiza nevadas

 

 

 

En esta villa a orillas del Lago Leman no había Wifi, ni Netflix, así que nuestros amigos románticos inspirados por el clima tenebroso se dedicaron a contarse historias de terror y de misterio. Una de aquellas noches de confinamiento Lord Byron decidió retar a sus invitados a escribir una historia de terror, la historia más aterradora que pudieran imaginar.

 

 

 

 

 

Mary Shelley sufría pesadillas constantes, el silencio aquella noche era absoluto, pero algo le hizo despertarse alterada. Tras las tenebrosas nubes plomizas se abría paso una gran luna, no sabemos si en aquella ocasión era rosada o pálida como el rostro de Shelley. En ese mismo momento acababa de nacer Frankenstein.

 

 

 

 

 

Novela de Frankenstein

 

La trama de la novela de terror más famosa de la historia es de sobra conocida. El joven Víctor Frankenstein es un estudiante de medicina obsesionado con crear vida de la muerte mediante técnicas artificiales. Con partes de cadáveres de salas de disección y de mataderos Victor crea un engendro gigante al que da vida.

Aunque él había elegido las partes más hermosas de cada cuerpo, el resultado de aquella unión era un ser aberrante. Había creado un monstruo.

 

 

 

Arrepentido de lo que ha hecho, Victor abandona a la criatura a su suerte, que será su desgracia. El monstruo anhela compañía y afecto y sufre el constante rechazo de todas las personas con las que se encuentra, su horrible aspecto causa verdadero pánico. Este repudio le produce deseos de venganza y odio hacía la humanidad y decide ir en busca de su creador sembrando el camino de cadáveres. El peso de la conciencia cae sobre Victor, que oculta que es obra suya. El monstruo acabará con todo aquello que Victor ama y finalmente con él.

 

¿Quién es realmente el monstruo en esta historia? ¿O lo son ambos de distinta forma?

 

Victor Frankenstein encarna la perversión de la ciencia que juega a ser Dios. Y su creación un corazón muerto que se siente abandonado y busca el afecto y la aceptación de los demás. ¿Un corazón hecho de pedazos o un corazón hecho pedazos?

 

Aquel no fue el único monstruo que saldría del confinamiento en la Villa a orillas del lago Leman

 

Frankenstein, Wynwood Miami

 

 

 

El vampiro

 

Allí de la pluma de Polidori nacería también “el Vampiro”, novela que dio origen a la literatura de vampiros y que tiempo después inspiraría también a Bram Stoker.

El ego de Lord Byron era tal que para sentirse superior tenía la necesidad constante de desacreditar a Polidori, su médico personal. Este de baja autoestima quería demostrarle a Byron que no era así y que él era lo suficientemente bueno, no solo para la medicina, que lo era, ya que se licenció con tan solo 19 años, sino también lo era para la escritura.

 

 

 

 

El reto de aquella noche le llevó a escribir el Vampiro, partiendo de un manuscrito inacabado de Lord Byron. De las sobras de Byron y de su odio oculto hacia él, Polidori crearía uno de los iconos de nuestras noches de terror, de la literatura y del cine.

 

 

 

 

 

“El pobre Polidori” como lo llamaba Byron, de personalidad un tanto oscura, se suicidaría tres años después de la publicación del libro tomando ácido prúsico. Casualidades del destino este ácido fue aislado por primera vez desde el tinte azul conocido como azul de Prusia que había sido descubierto por Konrad Dippel, el químico y médico alemán en el que se inspiró Mary Shelley para crear el personaje del doctor Victor Frankenstein.

 

Polidori no sabía que estaba cerrando el círculo y también desconocía en aquel momento el gran éxito que supondría su creación literaria.

 

Murciélago, Maldivas

 

 

 

Los monstruos del confinamiento

 

¿Y si aquel confinamiento no fue el único que creó monstruos?

Han pasado más de 200 años, pero los perfiles psicológicos de aquella reclusión siguen de actualidad.

¿Y si ahora también estuviera saliendo no solo lo mejor de muchas personas, sino también lo peor? En las noches más oscuras los monstruos salen a la luz.

 

Pájaros

 

 

No solo Victor Frankenstein creía tener la autoridad moral de Dios, Byron no era el único ególatra, ni Polidori sería el único que descargaría por escrito un odio que no se atrevía a expresar mirando a los ojos, del mismo modo que el monstruo gigante tampoco sería el único que pagaría con violencia la falta de aceptación de los demás y la ausencia de amor propio tras descubrirse al mirarse al espejo.

 

¿Fue aquel cielo gris de Suiza el que creó los monstruos o solo los despertó?

 

¿Y si la tecnología, al igual que la ciencia como ocurrió con el Doctor Frankenstein, también diera la posibilidad de crearlos?

 

 

 

El dolor, la sensibilidad y la frustración individuales unidas en una mesa de operaciones,  como si de las piezas de aquellos cuerpos se tratara, creando una masa, un todo que el Doctor Frankenstein creía controlar. Una masa que quiere ser dominada y sometida a la vez, crédula, acrítica y voluble, en la que aumenta la afectividad y baja el rendimiento intelectual.

 

 

 

La psicología de las masas

 

Gustave Le Bon diría que el individuo integrado en una multitud adquiere un sentimiento de potencia invencible, que le permite ceder a instintos que, antes, como individuo aislado, hubiera refrenado. Dentro de la multitud anónima desaparecerá para él el sentimiento de la responsabilidad. Dentro de la moralidad de las multitudes se desvanecen todas las inhibiciones individuales, mientras que todos los instintos más crueles y destructores, latentes en el individuo, despiertan y busca su libre satisfacción.

 

 

 

Sigmund Freud en su libro “Psicología de las masas y análisis del yo”, criticaría el trabajo de Le Bon. Para el padre del psicoanálisis en estados excepcionales se produce en una colectividad el fenómeno del entusiasmo, que ha posibilitado los más grandiosos logros de las masas. Para Freud el fenómeno de masas no sacaría solo lo peor de las personas, también podría sacar lo mejor. Aunque el odio tendría un efecto unitivo, los vínculos de amor constituirían también la esencia del alma de las masas.

 

 

Barrio de Wynwood, Miami

 

 

 

Le Bon jamás imagino que sus teorías sobre las masas servirían de inspiración a Hitler para escribir Mein Kampf, ni que crearía las bases de la publicidad moderna.

 

Mein Kampf, Tienda de antigüedades, Liubliana, Eslovenia

 

 

 

Edward Bernays el sobrino de Freud, influido por las teorías de Le Bon, inventaría la propaganda y las relaciones públicas, pero no solo eso, fue el mago de la manipulación, a él le debemos consumir más de lo que necesitamos y que los norteamericanos desayunen beicon, entre otros importantes cambios en los hábitos de consumo.

 

 

 

 

Él consideraba que en las sociedades democráticas los medios de comunicación y la publicidad eran elementos clave para la manipulación deliberada e inteligente de los hábitos y de las opiniones. Según él la mente del grupo no piensa, se guía por impulsos, hábitos y emociones. Así es como se crean desde un superventas hasta el pánico en la bolsa. Gobiernos invisibles, hombres de los que nunca hemos oído hablar que amoldan nuestras mentes, forman nuestros gustos y sugieren nuestras ideas.

 

“Aprovechando un viejo tópico, o incidiendo sobre uno nuevo, el propagandista puede influir de forma masiva en las emociones del grupo”.

 

 

 

 

 

 

¿Es posible sustraerse 100% a la manipulación? ¿Somos capaces de nadar contracorriente? Aurelio Arteta Aisa, Catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad del País Vasco, nos hace pensar sobre ello en varios de sus libros, en cómo hacemos uso de los tópicos y los estereotipos para seguir formando parte del colectivo y no caer en el ostracismo social.

 

Wynwood, Miami

 

 

Poner a la gente frente al espejo nos puede hacer ganarnos la etiqueta de raritos, pero no hacerlo, nos convierte en cómplices del crecimiento del monstruo. Mientras Victor Frankenstein hacía como que desconocía la existencia de su horrible creación, este iba arrasando con todo lo que encontraba a su paso. Una vez le dio vida, perdió totalmente el control sobre él.

 

Frenar, Bled, Eslovenia

 

 

 

Cuidado con los monstruos, no dejemos que el espíritu de Villa Diodati se apodere de nuestro confinamiento, o quizá solo en lo referente a su vertiente literaria, que no acabaría ahí. Suiza inspiraría también a Lord Byron, quien basándose en la historia real de François Bonivard escribió “El prisionero de Chillon”. Y allí, en los sótanos del castillo, prisión en otros tiempos y donde Bonivard vio morir a sus hermanos, puede verse aún, en una de sus columnas, la firma de Byron.

 

 

Castillo de Chillon, Suiza

 

 

 

Incluso mis cadenas acabaron por resultarme familiares. Lo cual demuestra que la costumbre acaba por hacernos lo que somos. Fue suspirando como recobré la libertad”.

El prisionero de Chillon, Lord Byron

 

 

Vista del lago desde los calabozos del Castillo de Chillon, Suiza

 

 

 

 

Frankenstein y los monstruos del confinamiento | Abril 2020  | Las sandalias de Ulises

 

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Comments ( 6 )

  • Jaime

    Excelente reflexión sobre el comportamiento actual.

    Ojalá hubiese más “raritos” y menos policías de balcón que permitiesen reducir el souflé social en el que nos estamos diluyendo fagocitados por esa masa anónima que, o le ponemos remedio o nos acabará transformando en una legión de millones de Víctor Frankenstein.

    • Las sandalias de Ulises

      Gracias por tu comentario Jaime.
      No nos queda otra que estar alerta cada uno de nosotros de forma individual y ser muy críticos con todo, no dejar que la masa que va creciendo nos arrastre y no dotar de autoridad moral a quien no la tiene.

  • Inma

    Estoy totalmente fascinada con el relato bien hilado.
    La falta de vida interior de algunas personas, puede hacer que, lo que antes enmascarabamos con la vida social, ahora que no existe, se vea necesitado de alimento, que nos baste con ser carroñeros.

    • Las sandalias de Ulises

      Gracias por tu comentario! Si, cierto, cuando la imagen que veo reflejada en el espejo no me gusta, he de pagar esa frustración que no quiero solucionar con alguien, el pretexto para justificarlo, vale cualquiera.

  • A mamá le gusta viajar

    Vaya con el relato y el círculo que hizo nacer esos monstruos de 1816. Muy buena reflexión y comparación con los monstruos actuales. Sobre la manipulación, con este confinamiento he podido comprobar lo desorbitado que es ahora y lo rápido que se difunden las noticias falsas. Eso crea muchos monstruos y se lucha por manejar la información, adueñarse de ella, una fuerte arma para manejar las masas.
    Ahora más que nunca se debe enfocar la enseñanza a saber buscar en fuentes oficiales y discernir correctamente. Lo tenemos todo a un click y tan accesible…

    Un saludo.

    • Las sandalias de Ulises

      Curiosamente, ahora que tenemos la información más a mano es cuando más desinformación hay. Como bien comentas tenemos que formar en el criterio, razonar y discernir, ser críticos. Es mucho más costoso, pero es la única herramienta que tenemos para que los monstruos no nos acaben devorando.

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