imán nevera

Imanes de nevera

 

Imanes de viajes

 

Son las 6:48 de la mañana y suena el despertador, esa melodía tan particular de mi teléfono, cierro los ojos por un momento… un segundo recordatorio me indica que ya he remoloneado bastante, una placentera mala costumbre, que me dice que es hora ya de levantarse.

Recorro el pasillo, que parece eterno a esas horas, llego hasta la cocina y abro suavemente la puerta, ante mi se encuentra como siempre el frigorífico, su superficie blanca (soy más de electrodomésticos metalizados, pero no viene a cuento ahora) está prácticamente invadida, pequeños objetos cubren gran parte de su espacio, pero no son unos objetos cualquiera, son imanes, imanes de viajes.

 

Cada una de esas pequeñas piezas, figuras, formas o fotografias, componen un puzzle, un rompecabezas de recuerdos, de lugares, conversaciones, momentos, largos viajes, otros fugaces, preparados, inesperados… y hasta estados de ánimo, todo ello concentrado en un solo lugar, en la suave superficie de la nevera.

 

Me preparo unas tostadas y ya con el café en la mano me coloco frente a ella y recorro cada uno de aquellos episodios de mi vida, ni son todos los que están, ni están todos los que son . En mis más de 20 años como viajera, he de decir que es esta una afición bastante reciente.

A modo de trailer me vienen imagenes y recuerdos cada vez que mis ojos se posan en uno de ellos y una sonrisa se dibuja automáticamente en mi rostro.

El omnipresente Palacio de Cultura y Ciencia de Varsovia aparece por partida doble, para que no me olvide, cosa que seria difícil, de que es mi edificio favorito, mi amor platónico.
Justo al otro extremo de la nevera se encuentran otros de mis grandes amores, Ucrania, representado por Kiev y el místico Monasterio de las cuevas de Lavra.

 

Palacio de Cultura
Imanes del Palacio de Cultura y Ciencia de Varsovia

 

Un poco más abajo, unos fuegos artificiales me recuerdan una divertida conversación en la que acabó queriendo venir a Valencia en Fallas, quien quería que yo fuera a Ginebra a ver un castillo pirotécnico.

 

Ginebra… conversaciones y demás historias

 

Castillos, nunca pueden faltar castillos, sin principes ni princesas.

Castillos…

 

Y un poco más arriba un viaje que llevó a otro, tan diferentes y tan conectados, de las más altas montañas, a las más soleadas playas.

Una nevera en la que tienen cabida y comparten espacio todas las fes y religiones, del Vaticano representado por la canonización de sus dos Papas más mediáticos, a los templos de Koyasan, en Japón, encarnado por la figura del simpático Koya Kun; fe en la salvación que de nada sirvió a los habitantes de Pompeya y junto a sus mosaicos, sueños cumplidos en aquella isla remota del sur de Australia.

 

Imanes de Japón

 

Se echan en faltan algunos que nunca salieron de su destino y los que se perdieron por el camino o disfrutan hoy de otras neveras, quizá estas sí metalizadas.
Tampoco nos podemos olvidar de los que esperan a ser reparados, como el Crucero Aurora, para poder volver a tener la ocasión de dar la señal de asalto con su cañon de popa, aunque lo más parecido al Palacio de Invierno sea en este caso el congelador.

 

Bebo los ultimos sorbos de cafe, es hora de ponerse en marcha.

 

¿Por qué madrugas tanto?

No te puedes imaginar a la cantidad de lugares a los que viajo cada mañana antes de salir de casa. Sin más equipaje que un café, unas tostadas.

 

 

Imanes de nevera | Junio 2018 | Las sandalias de Ulises

Comments ( 2 )

  • Inmaculada

    Me encantaaaaaaaa!
    Voy a ver los imanes con otros ojos despues de este post…

    • Las sandalias de Ulises

      Gracias!!
      Hay tantas formas de volver a viajar!

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