Moldavia, el país más desconocido de Europa

Tiempo de lectura: 5 min

Moldavia, que ver en el país más desconocido de Europa

 

 

“Una vez al año ve a un lugar en el que nunca hayas estado antes” Dalai Lama.

 

Volver es una de mis debilidades, ver los lugares con otros ojos, revivir y reencontrarte con mi yo de aquel momento, hablarnos de tú a tú y ver cuanto hemos cambiado, tanto el lugar cómo yo. Pero la curiosidad por descubrir nuevos lugares es muy difícil de saciar, el mundo está lleno de rincones maravillosos y el tiempo es finito, no sabemos cuándo caerá el último grano de arena del reloj.

 

¿Qué me esperaba en el país menos visitado de Europa?

 

Me propuse descubrirlo por mí misma.

 

 

 

 

 

Dónde está Moldavia

 

Otra vez un lugar desconocido se abría ante mí, como si se tratara de un rincón secreto, allí, entre Rumanía y Ucrania, mirando hacia Europa, entre mucho más que dos tierras, se encuentra el país menos visitado de Europa y uno de los más desconocidos del mundo, y ese es nada menos que Moldavia.

 

 

Era difícil imaginar lo que me deparaba este pequeño país incrustado como lo estaría una piedra preciosa, ¿cuál podría ser la elegida?, sin duda un rubí, por el color de sus vinos y por ser menos popular que otras joyas, pero no por ello menos preciosa.

 

Vino moldavo

 

Su nombre, no equivocadamente, nos evoca el correr de las frías aguas del río Moldava, pero aún no era consciente de que me evocaría muchas otras emociones, olores y sabores.

 

“Evocar”, ¿puede haber un verbo más bonito?

 

Hasta tierras moldavas llegó el Rus de Kiev, los mongoles, el Imperio otomano y los rusos, que de alguna forma aún permanecen y ahora, aunque de manera mucho más tierna, delicada y pacífica, era mi turno.

 

 

¿Qué esconde Moldavia?

 

 Moldavia el país del vino

 

Dionisio bendijo a las tierras fértiles de Moldavia para que de allí salieran unos de los mejores caldos de Europa. Viñedos infinitos que lo cubren todo y dibujan un paisaje de acuarela, los atardeceres son simplemente mágicos. Mientras en la superficie el sol acaricia las vides y da color y sabor a la uva, bajo tierra, en la Moldavia subterránea se abre otro mundo, en las entrañas de las tierras moldavas se encuentran kilómetros y kilómetros de bodegas, que custodian la tan valiosa bebida en barricas y botellas.

 

Su clima favorable con inviernos suaves, muchos días soleados y un suelo fértil, han convertido a Moldavia en uno de los mayores exportadores de vino del mundo, un paraíso vitivinícola, que atesora bajo tierra, las bodegas más grandes del mundo.

 

Viñedos, Moldavia

 

 

Bodegas Cricova

Las galerías resultantes de la extracción de piedra calcárea en el siglo XV para la construcción de Chisinau serían utilizadas como almacenes para guardar el vino.  Cricova, con 120 kilómetros de carreteras laberínticas es una verdadera ciudad del vino, con calles anchas, almacenes y salas de degustación.

Las bodegas Cricova son las más famosas de Moldavia y las segundas más grandes del país después de Milestii Mici, que con 200 kilómetros de túneles son además, las más grandes del mundo.

 

En algunas áreas de los túneles las excavaciones todavía están activas, así que la bodega todavía puede crecer más. En la actualidad, las viñas de Cricova son las más grandes del país y se extienden sobre una superficie de más de 600 hectáreas.

 

Allí, bajo tierra y bajo llave, guardan sus valiosas botellas, los personajes más ilustres y famosos del planeta, desde grandes dignatarios internacionales a actores de Hollywood, no hay paladar que se resista a los vinos Moldavia. Se rumorea que en las entrañas de Cricova aún se encuentra la colección privada de botellas de Hermann Goering, el ministro del Aire en la Alemania nazi.

 

Bodegas Vartelly, Moldavia

 

Chisinau la capital de Moldavia

 

Chisinau es la capital del país y su ciudad más grande, donde el verde de sus abundantes parques y jardines se abre paso por entre los grandes bloques grises herencia de los largos tiempo de la URSS.

 

Arquitectura soviética, Chisinau, Moldavia

 

La naturaleza, como las personas, siempre acaba florenciendo tras el duro invierno y superando los más grises períodos. La primavera nunca se detiene.

 

Aunque la influencia soviética se deja ver especialmente en sus bloques de viviendas, la ciudad ofrece otro tipo de arquitectura con influencia soviética mucho más bonita e interesante, como la que encontramos en algunos edificios públicos, otros en cambio nos recuerdan a un estilo muy barroco italiano y son los que construyó el arquitecto Bartolomeo Rastrelli, el mismo que diseñó el monasterio de Curchi.

 

Iglesia, Chisinau

 

 

Lo mejor que se puede hacer en Chisinau es pasear por sus calles y avenidas por donde pasan los trolebuses o, si estamos cansados, coger cualquier de ellos y dejarnos llevar, el billete de trolebús vale unos pocos céntimos de euro al cambio y es un medio perfecto para recorrer la ciudad.

 

La capital de Moldavia es una ciudad muy muy verde, llena de parques y jardines y un gran lago ideal para pasear, correr, ir en bici y hasta en piragua, dejando de lado el ruido tráfico.

 

La ciudad también ofrece diversidad de museos, uno de ellos el dedicado al poeta ruso Alexander Pushkin, que vivió allí exiliado algunos años.

 

¡Y por qué no! Ver un partido de fútbol en su Estadio Nacional puede ser también un plan muy interesante.

 

Estadio futbol Moldavia

 

 

 

 

El Monasterio de Orhei, Orheiul Vechi

 

En un enclave único, aislado de todo contacto humano, en plena naturaleza junto a un río, que antes era un mar, se encuentra uno de los lugares más antiguos de Moldavia.

 

 

 

El viejo Orhei o Orheiul Vechi es un complejo histórico y arqueológico ubicado en el Parque Nacional de Orhei.

 

Allí, además de un paisaje absolutamente hipnótico, es posible adentrarse en el corazón de la piedra, en el monasterio ortodoxo del siglo XIV que fue excavado dentro de la roca calcárea. Las cuevas son el propio monasterio donde rezaban escondidos para no ser descubiertos durante el periodo en que la región formó parte del Imperio Otomano.

 

Y allí arriba del cañón natural que el río fue erosionando con los siglos, se encuentran custodiadas por un solo monje las cuevas. Sin ninguna otra compañía que los libros de oraciones, él, el único monje, lleva casi 60 años protegiendo y guardando este monasterio en las entrañas de la piedra, que fue declarado patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

 

Me cubrí la cabeza, tal y como es obligatorio para las mujeres en las iglesias ortodoxas, crucé la puerta y comencé a bajar por las oscuras escaleras, adentrándome en el corazón de la montaña. La piedra gris y oscura aún con restos de caracolas de cuando aquello fue un mar, da abrigo y cobijo a los iconos y las velas, que siempre encendidas, nos recuerdan que la fe allí dentro sigue muy viva.

 

Monasterio Orheiul Vechi

 

Él, ajeno a mi presencia, seguía absorto en sus lecturas.

El Monasterio continúa siendo un lugar de culto, con todo el respeto podemos entrar en las cuevas y ver como vivían los monjes, durmiendo en el suelo, encima de la misma roca excavada, con la sola iluminación de unos pequeños cirios, rezando continuamente, como ascetas, con paisajes infinitos al horizonte.

 

En las cuevas hay una pequeña puerta para asomarse al mismísimo vacío, aunque hay que tener cuidado, puede ser peligroso, ya que la puerta se abre al acantilado. Las vistas del valle desde allí son espectaculares.

 

Orheiul Vechi

 

 

Además de visitar el monasterio, se pueden hacer rutas a pie, en bici y con kayak por el río y en el pequeño pueblo se celebra un festival de ópera al aire libre.

 

 

 Monasterio Curchi

 

En Moldavia la gente es muy creyente, por este motivo no pueden faltar los centros religiosos. El más importante, con permiso de la catedral, es el Monasterio Curchi. Este monasterio, el más bonito de toda Moldavia, se encuentra rodeado de bosques y lagos, un paisaje precioso, para albergar este monasterio que se reconstruyó con la ayuda de donativos de millones de moldavos, dado el mal estado en que lo dejaron los soviéticos después de convertirlo en un hospital psiquiátrico.

 

A las afueras del monasterio pequeñas casas, que bien podrían parecer chabolas, en la austeridad más absoluta, viven los monjes del monasterio, que curiosamente debido al tamaño y recursos naturales, es el monasterio más rico del país.

 

Monasterio Curchi

 

 

Transnistria, ¿el país que no existe?

 

Desconocido para mucha gente, Transnistria copó las portadas de los periódicos deportivos de media Europa con la clasificación del Sheriff de Tiraspol, su equipo de fútbol más y el buque insignia del conglomerado Sheriff, en la Champions League por primera vez en su historia.

 

Transnistria estaba en mi lista de lugares deseados desde hace mucho, “un país que no existe”, sonaba muy prometedor y no me decepcionó en absoluto.

 

Estatua Lenin, Transnistria

 

Transnistria declaró unilateralmente su independencia el 2 de septiembre de 1990, pero no goza de reconocimiento internacional, ningún país miembro de la ONU lo reconoce como estado. Solo otras regiones como Artsaj, Abjasia y Osetia del Sur han reconocido su independencia.

 

Pero a pesar de no estar internacionalmente reconocido, tiene su propio gobierno, parlamento, ejército, policía, sistema postal y moneda, que solo podrás obtener allí (el cambio se hace imprescindible, ya que no se admite el pago por tarjeta ni pagar con moneda moldava.

 

Transnistria tiene además su propia Constitución, himno nacional, bandera y escudo. Es el único territorio que aún conserva la hoz y el martillo en su bandera.

Transnistria

 

 

¿Es Transnistria el último rincón soviético del planeta?

Estéticamente si, económica y socialmente, ya no lo es tanto.

El paraíso para los nostálgicos de la URSS, dicen las malas lenguas que este territorio vive del tráfico de armas y de personas, pero más allá de los rumores, nada de esto se palpa en el ambiente y ellos lo niegan rotundamente. La región vive fundamentalmente de la industria textil y de la exportación de brandy, ya que pueden presumir de tener uno de los mejores del mundo.

 

Lenin en Transnistria

 

 

El Sheriff Tiraspol

 

No hay sueño viajero sin su guinda y esa fue que el equipo de fútbol del Sheriff de Tiraspol me abriera las puertas de su estadio, pudiendo pisar su cesped y hasta entrar a los vestuarios del equipo. Una visita VIP que me costó asimilar, me sentí toda una privilegiada, ya que el campo no está abierto para visitas.

 

Portería del Sheriff

 

 

 

La región de Gagauza

 

El pelo verde de la guía brillaba aún más intensamente con los rayos del sol, habían bajado bastante las temperaturas pero el astro rey hacia muy agradable el paseo.

Mi curiosidad por los secretos de Moldavia era cada vez mayor, así que a la salida de una de las múltiples iglesias ortodoxas me decidí a preguntarle.

-¿Que vestigios otomanos se conservan en Moldavia?”- le pregunté

-“¡Gagauza! El mayor de ellos” – me contestó enérgica.

 

Los gagauzos son una etnia de origen turco que llegaron al territorio de la actual Moldavia hace más de 200 años, adoptando la religión cristiana. Son étnicamente turcos, pero de religión cristiana ortodoxa.

 

Moldavia no les dio la independencia, como ellos reclamaban, pero sí aprobó una ley que prevé la preservación de la identidad, cultura y lengua nacionales gagauzas y son una región con autonomía dentro de Moldavia.

 

Sin duda otra sorpresa, el pequeño territorio de Moldavia albergaba en su interior múltiples naciones e identidades, relaciones unas más fluidas que otras.

 

 

El este de Europa no podía dejar de resultarme fascinante, de hecho, no había dejado de parecérmelo desde mi visita a Odesa. Desde aquel viaje en el que crucé Ucrania de extremo a extremo hasta llegar a Crimea, muchas cosas habían cambiado desde ese viaje, en Ucrania y en mí, pero mi curiosidad seguía siendo la misma, infinita. Esa sed insaciable que me había llevado ahora hasta Moldavia, para descubrir uno de los países más desconocidos del mundo y el menos visitado de Europa.

 

Nunca hagas caso de aquellos que dicen “Allí no hay nada que ver”, no olvides jamás, que no vemos las cosas cómo son, sino cómo somos.

 

Orchei

 

 

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Moldavia, que ver en el país más desconocido de Europa | Febrero 2022  | Las sandalias de Ulises

 

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Soy Clara, una viajera emocional e intimista.

Cada viaje es un descubrimiento de una parte de mi, conocer otros lugares y culturas ha sido también una forma de conocerme mejor y crecer como persona. ... y cuando vuelves, ves que todo está igual pero tú ya no eres la misma.

También soy comunicadora de viajes en podcast, radio, televisión, charlas, eventos, y he colaborado en diversos proyectos turísticos.

La vida es el auténtico viaje y lo importante es disfrutar de cada etapa del camino, es por ello por lo que Las sandalias de Ulises es un blog de viajes camino a Ítaca.

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Rafiki Salieto
Rafiki Salieto
2 años antes

Viajaré en un par de meses y más o menos es la ruta que tengo pensada, aunque he de prescindir de algunos lugares por falta de tiempo. Muy buen resumen para los que estamos interesados en estos países, y me ha encantado que especialmente haya fotos de un viaje reciente.

Tengo una pregunta: ¿cómo te desplazaste de un lugar a otro? Especialmente me interesa cómo pudiste llegar a Orheiul Vechi, ya que no encuentro forma de llegar que no sea en coche de alquiler (o en tour, claro). A Cricova con taxi creo que no será problema, y a Tiraspol (y Bendery) en bus o marshrutka no debería suponer mayor problema, así como a Comrat o Balti.

Solo una precisión: Orheiul Vechi no es Patrimonio de la Humanidad por al UNESCO (de hecho, Moldavia solo cuenta con parte del Arco Geodésico de Struve como declaración), sino que está en la lista de opciones que el país baraja presentar en algún momento, lo que se conoce como “lista indicativa” o “tentative list”.