El último viaje

Tiempo de lectura: 2 min

 

¿Qué es morir mamá?

Preguntó el otro día mi sobrino mientras nombraban la muerte en una película de dibujos

Es cuando una persona se va al cielo cariño

Le contestó mi hermana.

Solo tiene 4 años y afortunadamente aún no nos hemos visto en la tesitura de tenérselo que explicar con más detalle.

 

 

 

Se ha apagado una luz, porque así es como era. Una mujer alegre, divertida y feliz, a la que nunca conocí en persona, pero si lo hice a través del brillo en los ojos de su hijo cuando hablaba orgulloso de ella, y él es una de las personas más buenas que conozco, nada es por casualidad.

 

Se ha ido una gran viajera, una mujer aventurera, sana y optimista como ninguna.
Una guapísima holandesa que recorrió el mundo y que los países vecinos se rifaban para que fuera ella su máxima representante en los concursos de belleza, y que finalmente se afincó en España, donde conoció al amor de su vida.

La vida es así de injusta, el destino caprichoso o es Dios el que prefiere rodearse de personas buenas, pero ella ha emprendido aún demasiado pronto su último viaje.

 

El último viaje, ese billete de vuelta sin fecha de regreso con el que todos nacemos, pero en el que nunca queremos pensar, el único viaje que es igual para todos.

 

Que nadie vive eternamente es una realidad, del mismo modo que nada es permanente y todo es etéreo y pasajero, más corto o más largo, pero temporal al fin y al cabo, tanto lo bueno, como lo malo, y aunque a veces es triste solo pensarlo, esa es la verdadera esencia de la vida, que tiene final.

 

¿Cuántas veces pararíamos el reloj de nuestra vida para congelarla por un momento? ¿Cuántas veces desearíamos que el tren se detuviera eternamente en una estación? Pero por suerte o por desgracia, el tren de la vida debe seguir su curso y la gente bajar y subir de él sin que podamos hacer nada por impedirlo.

 

Photo by Johannes Hofmann

 

 

Hay compañeros de viaje que nunca querríamos que bajaran del tren y cuando lo hacen, es la más dolorosa de las ausencias, asientos que aunque parezcan vacíos estarán siempre llenos del mejor de los recuerdos.

 

Pero este constante movimiento permitirá también que suban otras personas, nuevos compañeros de viaje cuya inesperada presencia nos haga mucho más agradable el trayecto, nos ayuden a subir o bajar equipajes pesados o cuya interesante conversación nos aporte mucho más de lo esperado, nos enriquezcan el viaje, nos descubran nuevas perspectivas o nos distraigan de un paisaje monótono. Del mismo modo que no percibiremos los cambios y paradas de muchos otros pasajeros. No hay espacio para todos en el vagón y unos dejarán paso a otros más pronto o más tarde.

 

No sabemos cuándo llegará nuestra parada, ni en cuál bajarán los demás, solo nos queda hacer que el viaje sea lo más agradable posible, deleitarnos con los paisajes tan diversos que recorrerá nuestro tren, apreciando la particular belleza de cada uno, disfrutar de las conversaciones, de los momentos y de los silencios, y saber cambiar de asiento cuando la compañía no sea grata.

 

Disfrutar del viaje es lo único que depende de nosotros.

 

 

El último viaje | Las sandalias de Ulises

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Comments ( 2 )

  • Angela

    Como te entiendo. Hace un mes que murio mi hermana y su asiento sigue vacio. Miro el paisaje, los pasajeros que van conmigo y aun recuerdo que se bajó. Vivio sus estaciones conmigo, pero el tren no se detiene. Sigamos

    • Las sandalias de Ulises

      Cuánto lo siento Angela! Aunque no es un consuelo, el maravilloso recuerdo y el tiempo compartido es un tesoro que no te podrá quitar nadie.

      Un abrazo

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