monasterio de rila

Cartas desde mi celda en el Monasterio de Rila

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Monasterio de Rila

 

Cartas desde mi celda

 

Te escribo esta carta desde mi habitación en Rila, estoy en la zona antigua del Monasterio, la habitación es grande, pero austera y sin calefacción. Estamos en abril, pero las montañas siguen nevadas y aunque hace un día soleado, la brisa no baja calida precisamente.

El deseo de estar aquí pudo más que el miedo a pasar frío, no hubo espacio para la duda, “Sí” era la única respuesta posible para la última habitación disponible y tengo mantas suficientes para pasar la noche. Tú ya sabes lo que son los sueños viajeros.

Es Sábado Santo, este año la Pascua Ortodoxa ha caído justo una semana después que la Católica. Parece curioso volver a vivir la Semana Santa, a modo de déjà vu espiritual, es sin duda todo un regalo ecuménico.
En unas horas Jesús habrá resucitado, sonarán las campanas, la gente dará vueltas al templo con las llamas de las pequeñas velas como única luz, “Jesuscristo ha Resucitado” clamarán, y la tristeza y el recogimiento darán paso a la alegría por la resurrección del hijo de Dios. Así es la vida, renacer constantemente.

 

 

celda en monasterio rila

 

No sé si tendré papel suficiente para contarte todo lo que estoy viviendo, el único material que he encontrado en la celda son unos pocos folios y un lápiz, cuya punta poco a poco va mermando, tampoco sé si te llegará jamas esta carta, es Semana Santa y la oficina de Correos está cerrada.

En ocasiones pienso adonde van esas cartas que jamás llegaron a manos de su destinatario, esas letras perdidas en algún buzón, en una caja, o extraviadas en un rincon de un almacén… y si hay alguien en algún lugar, esperando una respuesta que nunca llegará. ¿Serán leídas alguna vez? ¿O permanecerán para siempre encerradas en un sobre a modo de prisión?  Quizá se queden en el cementerio de las epístolas o en el limbo de las palabras, igual que las que nunca nos dijimos.

 

Si alguna vez llega a tus manos esta carta, es ya Domingo de Resurrección y me encuentro cumpliendo un sueño viajero, si pudieras verme la cara, no te haría falta leer mis palabras, lo notarías en el brillo de mis ojos, que hablan sin necesidad de decir nada, y que solo sé apreciar cuando pierdo; pero solo te queda imaginarlo.

“¡Pero tú tienes muchos sueños viajeros!” pensarás

“¡Y qué es la vida sin sueños?!”

 

Domingo de Resurrección del Año de Nuestro Señor… 

Monasterio de Rila, Bulgaria.

 

 

Cartas desde mi celda en el Monasterio de Rila | Las sandalias de Ulises

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