Era más que el mejor hotel de Shiraz

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Era más que el mejor hotel de Shiraz

 

Bajé del autobús, las 6 horas de viaje desde Yazd no se me habían hecho tan pesadas como esperaba, era un autobús VIP con amplios asientos y pantalla de entretenimiento, y los áridos paisajes del camino era espectaculares.

Aunque había dormido gran parte del trayecto, mi cuerpo me estaba pidiendo a gritos una cama. Los últimos días habían sido muy intensos, dormir poco, ver mucho y vivirlo todo muy intensamente, especialmente los días que compartí con la familia de Eli en Isfahan. Ella, que empezó siendo mi guía local en algunas ciudades de Irán , se había acabado convirtiendo en mi mejor amiga iraní y su familia, en mi familia adoptiva.

 

La experiencia fue mucho más allá de dormir en casa de su abuela y de su suegra, fue compartir momentos, sensaciones, sentimientos y hasta juegos de trabalenguas en valenciano y en iraní, me hicieron sentir un miembro más de la familia en unas fechas tan especiales y familiares para ellos como es el Ramadán. Tíos, tías, primos, nietos, la suegra, los abuelos… todos juntos en la misma casa, haciéndome sentir una más.

El más pequeño de la casa, de apenas 5 años había aprendido a decir “Hello, How are you?” y lo repetía varias veces cada vez que me veía, lo que provocaba las risas de todos los mayores.

Aquella casa y aquellos corazones abiertos de par en par me recordaban mucho a mi abuela, su casa y su cocina siempre estaban abiertas para todos, incluso a idiomas que no entendía. Su casa era el punto de encuentro de todas las vecinas y siempre había una cama disponible para cualquier visita inesperada. No sé si mi abuela tenía algo de persa, pero los iraníes tienen eso que tanto he admirado siempre de ella, y que también veo en mi madre, un corazón enorme y una generosidad sin límites.

 

 

Detalles de Shiraz

 

 

Encontrar alojamiento en Shiraz, Irán

 

Me acerqué a la ventanilla de taxis de la estación de autobuses y les mostré la pantalla de mi móvil, Eli me había enviado la dirección de un hotel en Shiraz que tenía una habitación disponible para mí, eran fechas previas al fin de Ramadán, fin de semana y festivo nacional, los iraníes se movían mucho por el país para esas fechas y Shiraz era una de sus ciudades favoritas, y no me extraña.

 

El taxista parecía perdido, volví a mostrarle la pantalla de mi móvil donde estaba escrito en farsi la dirección del hostal, después de pensar unos segundos, pareció ubicarse un poco.

 

Indicaciones en farsi para llegar al alojamiento

 

Mientras el taxi se adentraba por unas estrechas callejuelas, la lluvia hizo su aparición en escena. El tiempo en Irán es tan cambiante como sus paisajes, el país de las cuatro estaciones, pero además en ocasiones hasta en un mismo día en una misma ciudad. En estas fechas podías pasar de un día caluroso con un sol radiante a tener que buscar una chaqueta. Irán y sus contrastes, que van mucho más allá del clima.

 

Cúpula, shiraz

 

Ziba Traditional hostel Shiraz

 

Un cartel amarillo indicaba que aquella gran puerta de madera era la de mi nuevo hogar en Shiraz. Llamé al timbre del Ziba traditional hostel y segundos después decidí tocar el pomo izquierdo de la puerta, cuyo suave sonido indica que la que llama es una mujer, el pomo de la derecha, más robusto y pesado es para los hombres. Estas diferencias de sonido eran útiles para que las mujeres supieran si debían cubrirse más o menos al abrir la puerta, hoy tienen también función decorativa.

 

Ziba traditional hostel en Shiraz

 

 

Un joven de poco más de 30 años y sonrisa amable abrió la puerta, era Hamid, el dueño del alojamiento y mi anfitrión para los próximos días.

“Wow”, dije para mis adentros nada más entrar, su patio interior era encantador y las balconadas de madera le daban un aspecto tan tradicional como acogedor. Hamid había restaurado una gran casa antigua y la había convertido en el alojamiento con más encanto de todo Shiraz, pero el auténtico encanto del lugar lo iría descubriendo después.

 

Patio interior del Ziba traditional hostel

 

 

Mi habitación era amplia y espaciosa, 2 camas solo para mí y un baño con taza, me había empezado a acostumbrar a las letrinas, pero este cambio me pareció todo un lujo. Los cristales de la habitación tenían un encanto especial, del mismo modo que los jardines de Yazd y su torre del viento o la Mezquita rosa, entre muchos otros lugares de país, los cristales de colores son una señal de identidad iraní.

 

Hamid me ofreció un té, nunca faltaba té caliente en su alojamiento, aunque he de decir que nunca faltaba de nada, dulces y frutas recién traídas de los alrededores de Shiraz. Hasta aquellos días jamás había probado las diminutas manzanas verdes ácidas y mis papilas gustativas estaban viviendo toda una experiencia, viajar es experimental muchas cosas por insignificantes y pequeñas que puedan parecer.

 

 

Ziba hostal

 

 

Llevaba las sobras de la comida del día anterior, las cantidades de arroz blanco que servían en los restaurantes eran tan grandes que nunca me las podía acabar. Cuando Hamid vio mi tupper me miró y me dijo “¿Es de ayer? Tira eso por favor, yo tengo comida para los dos”.

Estábamos en Ramadán y encontrar comida en los restaurantes hasta bien entrada la tarde era complicado, en la mayoría de sitios era solo para llevar. Hamid abrió su bandeja de comida recién traída y se partió su pollo y su arroz conmigo. “Yo tengo mucho y con esto comemos los dos de sobra”, me dijo, y así fue.

Cuando un iraní te ofrece algo, lo hace de corazón, quedar bien no va con ellos, la hospitalidad no se simula, sale desde lo más profundo y aquello había sido una constante en mi viaje por Irán.

 

Descansé un rato en la confortable cama y salí a recorrer Shiraz, que por la tarde noche tiene un encanto, si cabe aún más especial.

 

Tumba del poeta Hafez

 

 

A mi vuelta al alojamiento Hamid me volvió a ofrecer un té y unos dulces, ¡y que dulces!, era un placer disfrutar de ese capricho en el patio del hostal que de noche irradiaba una atmósfera única.

El salón común flotante era uno de mis lugares favoritos del alojamiento. El suelo de esta especie de casa de madera estaba cubierto de alfombras, como buena casa iraní, y podía hacer los efectos de zona de descanso, de comedor o de punto de encuentro social. Me transmitía mucha paz estar sentada en la alfombra, apoyada en los cojines y observar el exterior a través de sus cortinas colgantes, tan típicas de aquella región de Irán.

 

Ziba Traditional hostel, en shiraz

 

Aquella noche me dormí antes de lo previsto con el dulce sonido lejano de una guitarra de fondo, unos amigos de Hamid habían venido de visita y estaban amenizando con su música la velada.

El sol comenzó a colarse por entre los coloridos cristales, me notaba renovada y con energías para sacarle el máximo provecho a mis últimos días en Irán, que cortas se me habían hecho las dos semanas por el país.

Tras una ducha reconfortante salí de la habitación, Hamid estaba en el patio, “anoche nos quedamos esperándote”, me dijo y me ofreció el desayuno, pan recién traído, ese pan tan especial fino y esponjoso que mide casi un metro, tomates (con sabor a tomate, cosa que en Europa ya empieza a parecer misión imposible), pepinos, queso, mantequilla y fruta, además de por supuesto té.

 

En aquel patio al aire libre, volvía a ver caras que me resultaban familiares, en aquel mismo periodo habíamos coincidido en el alojamiento varias personas que viajábamos solas, un chico iraquí, con un cuerpo tan grande como lo era su sonrisa, un iraní que vivía en Ucrania y había salido del país tras el inicio de la guerra y que había hecho del hotel su segunda casa, y más tarde se incorporaría al elenco un chino que vivía en Dubai, era su tercera vez en Irán y siempre se alojaba en el hostal de Hamid. Después de aquellos días allí, lo entendí, yo haría lo mismo, si volviera a Irán, yo también volvería al que es sin duda el mejor alojamiento de Shiraz.

 

Patio del alojamiento

 

 

En mis idas y venidas nunca faltaba un té, pan con queso, unas pastas o unos bombones, como si se tratara de mi casa, sabía que en el alojamiento de Hamid no me iba a faltar de nada y así fue hasta mis últimos momentos en el país.

Shiraz estaba siendo el broche de oro a un viaje maravilloso por Irán, la ciudad de los poetas, de la mezquita rosa, con sus cristales de colores que con el movimiento del sol pintan las alfombras de acuarelas, un lugar único en el mundo, como lo es el propio Irán.

 

Mezquita rosa de Shiraz

 

 

En mi última noche en Shiraz, que era también la última en el país, callejeando por el barrio a mi vuelta de mi último paseo por la ciudad, me volvió a sorprender la lluvia. Hubiera dicho que el cielo estaba empatizando conmigo, interpreté aquellas frías y gruesas gotas como las lágrimas de Shiraz por mi marcha. Se estaban agolpando en mí muchas sensaciones y sentimientos que aún no había sido capaz de asimilar. Aún no era consciente de cuanto me había marcado aquel viaje. “Irán permanecerá mucho tiempo en ti”, me dijo un gran viajero, pero aún no sabía las profundas dimensiones de aquellas palabras. “Para siempre”, añadiría yo ahora.

 

Me esperaba una noche larga, mi vuelo de Turkish Airlines salía a las 3 de la mañana y para variar, tampoco tenía cena. Pero si algo me había enseñado Irán era a no preocuparme por nada, si estás cerca de un iraní, todo tiene solución y no te faltará nunca de nada.

Había hecho el check out del alojamiento por la mañana, pero Hamid me había vuelto a recordar que aquella era mi casa, así que además de dejar todas mis cosas allí, contaba con que tendría un lugar en el que estar hasta la salida de mi vuelo de madrugada.

Y una noche que prometía ser larga, pesada y agotadora, se hizo amena e incluso demasiado corta. Hamid organizó una especie de cena de despedida improvisada, compartiendo barbacoa, té y hasta helado de Shiraz con los huéspedes que había ido a comprar expresamente y también parte de la familia de Hamid.

 

Cómo la cenicienta, a las 12 de la noche, para que no tuviera que preocuparme por el taxi, porque ya iba justa de riales, el tío y el primo de Hamid, que habían venido a pasar unos días, me llevaron al aeropuerto de Shiraz. “Qué buena gente sois los españoles”, me dijo su tío como pudo en inglés. No, “que buena gente sois los iraníes”, le respondí.

 

Y aquella noche entendí perfectamente al chico de China que había vuelto por tercera vez, entre risas decía que había llegado a la conclusión de que Hamid no regentaba aquel alojamiento para hacerse rico, sino para rodearse de la mejor gente y yo no podía estar más de acuerdo. Teniendo en cuenta como era él, los huéspedes no podían ser de otra forma.

 

Despedida del hostal de Hamid en Shiraz

 

 

Hamid se despidió de mi “Clara, espero verte muy pronto”, ojalá, respondí para mis adentros.
Es imposible viajar a Irán y no querer volver.

 

Y sí, tras varias noches allí puedo decir que el Ziba Traditional hostel Shiraz es sin duda, el mejor alojamiento de todo Shiraz.

 

Ziba Traditional hostel

 

 

 

Reservar alojamiento en Irán online

Recuerda que debido al bloqueo internacional, Booking y otras plataformas internacionales de reservas no funcionan, puedes contactar con Hamid directamente por Instagram.

Las tarjetas de crédito internacionales tampoco funcionan en Irán y los pagos hay que hacerlos en efectivo, pero Hamid admite riales, euros y dólares.

 

 

Seguro de viaje con descuento para viajar a Irán

 

Para viajar a Irán es obligatorio hacerlo con un seguro de viajes, cuya póliza deberás mostrar a tu llegada al país en el aeropuerto.

Yo siempre viajo con el Seguro de viaje de Chapka, que además de tener una coberturas estupendas para Irán, te envían la póliza en castellano y en inglés.

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Mezquita Shiraz

 

 

 

Era más que el mejor hotel de Shiraz | Mayo 2022  | Las sandalias de Ulises

 

 

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Soy Clara, una viajera emocional y cultureta.
Cada viaje es un descubrimiento de una parte de mi, conocer otros lugares y culturas ha sido también una forma de conocerme mejor y crecer como persona.

... y cuando vuelves, ves que todo está igual pero tú ya no eres la misma.

La vida es el auténtico viaje y lo importante es disfrutar de cada etapa del camino, es por ello por lo que Las sandalias de Ulises es un blog de viajes camino a Ítaca.

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