El sentimiento de pertenencia , ¿cuál es mi lugar en el mundo? 

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El sentimiento de pertenencia , ¿cuál es mi lugar en el mundo? 

 

Parecía haber cruzado una frontera invisible, las banderas azules y amarillas plagadas de estrellas de una promesa aún por cumplir, habían sido ahora sustituidas por banderas rojas, azules y blancas. 

 

Además de un mar de colores eslavos, a un lado y al otro de esta línea divisoria entre Sarajevo y Sarajevo Este, hasta el idioma era distinto, diciendo lo mismo, a un lado los carteles se mostraban en serbio y al otro en bosnio. 

Pero era también otro lenguaje, el Este no tenía nada de ubicación geográfica, era una total declaración de pertenencia.

Era momento de subirme al autobús que en unas 5 horas me llevaría al corazón de la Republika Srpska.

 

Republika Srsprka , banderas

 

 

 

 

 

 

Pertenecer es una de las necesidades más profundas del ser humano. 

 

Nada más nacer, sin escogerlo, ya formamos parte de algo, de una familia, de una comunidad, de una tierra, de una cultura, e incluso, de una religión o también de ninguna.

Sin saber quienes somos, se nos otorga un pasaporte y una nacionalidad y con ello también un mayor o menor privilegio.

 

Pasaporte

 

 

La pertenencia es un vínculo invisible que nos conecta con otros y que nos permite reconocernos de alguna forma en el mundo. Sentir que formamos parte de algo más grande que nosotros mismos y que no estamos solos.

 

De manera natural, buscamos espacios, personas y comunidades donde podamos ser reconocidos, acogidos y valorados. Es a través de esos vínculos como construimos nuestra identidad, encontramos apoyo y desarrollamos el sentimiento de tener un lugar propio en el mundo.

 

Somos seres sociales y necesitamos sentirnos conectados unos a otros, sentirnos comprendidos, pero por encima de todo aceptados.

 

Pingüinera, Antártida

 

 

La sensación de pertenencia no conecta con una historia anterior a nosotros mismos. Nos permiten sentir que formamos parte de algo más grande que nuestra propia existencia.

Nos recuerda que no estamos solos frente al mundo.

 

Nunca me han gustado las etiquetas, porque creo que nos clasifican y nos limitan, cuando podemos ser muchas personas al mismo tiempo sin dejar de ser nosotros mismos, según las distintas parcelas de nuestra personalidad.

 

Estar en un lugar al que no se pertenece.

 

En ocasiones rodeados de gente tenemos la sensación de estar solos.

Es posible encontrarse en medio de un grupo y, aun así, experimentar una profunda distancia emocional. La verdadera diferencia no la marca la compañía, sino el grado de conexión que sentimos con quienes nos rodean. 

Cuando no nos sentimos comprendidos, reconocidos o aceptados, puede aparecer la sensación de estar fuera de lugar, de no formar parte realmente de ese entorno, por muchas cosas que en la superficie parezca que se tienen en común.

 

Soledad en el desierto de Rub Al Khali, Oman

 

 

Pero la pertenencia tiene también su lado oscuro, y este aparece cuando exige uniformidad. Cuando para pertenecer debemos ocultar partes de nosotros mismos. Cuando la aceptación depende de la obediencia absoluta, cuando el grupo se vuelve más importante que la persona.

Esa pertenencia que intenta anular al individuo y eliminar cualquier tipo de matiz diferenciador y por ello enriquecedor.

Edificios de Ashgabat

 

¿Pero cómo entendemos aquello a lo que pertenecemos?

 

¿Cómo puente o como muro?

¿Cómo “nosotros” y “ellos”?

¿O como seres de múltiples pertenencias interconectadas?

 

Puente de Mostar

 

Existen pertenencias cerradas y pertenencias abiertas.

 

Las pertenencias cerradas exigen homogeneidad. Establecen límites rígidos entre quienes forman parte del grupo y quienes quedan fuera y suelen percibir la diferencia como una amenaza.

 

Las pertenencias abiertas, en cambio, poseen confianza suficiente para convivir con la diversidad. No necesitan levantar muros para conservar su identidad, saben que compartir un espacio no implica perder aquello que las hace únicas.

 

Pero realmente, aunque algunos hagan todo lo posible por negarlo, todos somos seres de múltiples pertenencias, maduramos, evolucionamos y nos enriquecemos al mezclarnos con los demás. Adquirimos más matices y nuestro universo se hace mucho más amplio (o así debería ser).

 

Dunas desierto de Omán
Dunas desierto de Omán

 

¿Y si siento que pertenezco a muchos lugares?

 

Podemos sentirnos vinculados a culturas muy diferentes convirtiendo nuestro sentido de pertenencia en un universo mucho más amplio, rico en matices y donde nuestra identidad se expande.

Pertenecemos también a aquello que nos ha cambiado.

 

Pertenecemos a los lugares donde hemos amado, donde hemos sufrido, donde hemos aprendido algo importante sobre nosotros mismos. Pertenecemos a las personas que nos han acogido y a las historias que hemos incorporado a la nuestra.

 

Café árabe, Arabia Saudí

 

¿Podemos también habitar un espacio intermedio?

 

Muchos viajeros frecuentes experimentamos una sensación peculiar: ya no pertenecemos por completo a un único lugar, pero tampoco somos completamente extranjeros en otros. Habitamos una especie de espacio intermedio.

Y en ocasiones puede resultar desconcertante.

Cuando regresas a casa después de un profundo viajes, ves que tu has cambiado pero que todo a tu alrededor sigue igual.

 

Ello te otorga de alguna forma varias identidades, distintas referencias y múltiples formas de entender el mundo, permitiéndote llevar varios hogares dentro de nosotros sin dejar de ser quienes somos.

 

Y es que podemos pertenecer a más de un lugar.

 

 

 

¿Qué es ser de un lugar sino sentir que es parte de ti?

 

Soy un poco de allí donde me he emocionado, donde he abrazado, he reído y he llorado, pertenezco de alguna forma a cada historia, persona o lugar en el que ha quedado un pedazo de mi corazón.

Y me siento muy afortunada por ello.

Omaníes comprando

 

 

Ese lugar que de alguna forma se negaba a pertenecer a su país me había hecho sentir como en casa, y ello no dejaba de ser complejo como viajera. 

 

“Estoy segura de que te han tratado muy bien en la Republika Srpska” me dijo mirándome con sus ojos azul cielo con una mueca de tristeza, mientras desde la terraza de su casa veíamos los minaretes de las mezquitas del centro de Sarajevo.

 

No todo el mundo tenía permitido sentirse en casa en cualquier lugar.

 

Mezquita de Sarajevo

 

 

 

 

El sentimiento de pertenencia , ¿cuál es mi lugar en el mundo? | Septiembre 2026 | Las sandalias de Ulises

 

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Soy Clara, una viajera emocional e intimista.

Cada viaje es un descubrimiento de una parte de mi, conocer otros lugares y culturas ha sido también una forma de conocerme mejor y crecer como persona. ... y cuando vuelves, ves que todo está igual pero tú ya no eres la misma.

También soy comunicadora de viajes en podcast, radio, televisión, charlas, eventos, y he colaborado en diversos proyectos turísticos.

La vida es el auténtico viaje y lo importante es disfrutar de cada etapa del camino, es por ello por lo que Las sandalias de Ulises es un blog de viajes camino a Ítaca.

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