Salalah, mucho más que el paraíso tropical de Omán

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Salalah, mucho más que el paraíso tropical de Omán

 

 

“El Sultán Qaboos cruzaba esta calle diariamente para ir a la escuela cuando era un niño”, me dijo Rashid cuando estábamos frente al Palacio Real de Salalah.

Hacía mucho tiempo que quería visitar aquella ciudad y la región de Dhofar, y no voy a mentir, el Sultán Qaboos tenía mucho que ver en ello, conocer su ciudad natal me producía una ilusión tremenda. Desde que viajé por primera vez a Omán coincidiendo con su funeral, el difunto Sultán se había convertido para mi en todo un referente.

 

Minarete palacio del Sultán Salalah, Dhofar Omán

 

 

 

 

Salalah, la ciudad natal del Sultán Qaboos

 

Inteligente, visionario, bueno y justo, el difunto Sultán Qaboos había sido un líder ejemplar, de los que dejan un legado político imborrable y la huella humana profunda de un padre, lo que había sido para los omaníes.

 

Desde Salalah a Mascate, él había convertido Omán en un país desarrollado, culto y avanzado, sin perder sus valores ni raíces, y con el respeto, la tolerancia y la diplomacia como estandartes.

 

Museo Oman Across the ages

 

Qué difícil se hace encontrar grandes referentes hoy en día y qué sencillo parecía todo de la mano del Sultán Qaboos. Hoy su valioso legado seguía vivo en el Sultán Haithan y en la nobleza y la generosidad del pueblo omaní.

 

Imaginé al pequeño Qaboos caminando desde el Palacio hasta la escuela, que estaba a poca distancia, con una sonrisa y desprendiendo esa luz y carisma que tanto le caracterizaban.

 

Palacio del Sultán, Salalah, Omán

 

A falta de poder visitar su tumba en Mascate, que estaba totalmente cerrada al público, al menos podría visitar la de su madre.

 

 

Salalah, el paraíso tropical de Omán

 

Salalah tenía ese aire de ciudad hecha a sí misma, donde la vida se movía a otra velocidad, como la que se sabe poseedora de todos los recursos y que la naturaleza le va entregando los que necesita en cada estación, generosa y a su ritmo, sin presiones.

Allí no había espacio para la prisa, ¿pero quien piensa en correr cuando se encuentra en el paraíso?

 

 

Aguas turquesas de Salalah

 

 

 

La tumba del profeta Job en Dhofar

 

En Dhofar reinaba la calma, no podía ser de otra forma siendo el lugar en el que reposaban los restos del Santo Job (el profeta Ayyūb). En la montaña, apartado del mundanal ruido, bajo una cúpula verde, en plena naturaleza y rodeado de floreados árboles, cuyos pétalos caían sobre la que se cree que es la huella del santo.

No imagino mejor lugar para su última morada en la tierra.

Aquel sencillo mausoleo albergaba la tumba del Santo Job, el hombre más paciente de la historia, que ni con todas las desgracias vividas había perdido la fe en Dios. Admirable en su día y aún hoy, en el mundo de la inmediatez y cuando más escasea un bien tan preciado como lo es la paciencia.

 

Tumba del santo Job, Salalah, Dhofar, Omán

 

 

Todo en Dhofar estaba entrelazado y tenía sentido y relación entre si, nada era fruto del azar.

Nunca nada lo era.

 

 

Omán y el mejor incienso del mundo

 

Las prisas jamás hubieran podido dar el mejor incienso del mundo cuyas lágrimas salían con cuentagotas de las heridas del árbol de Boswellia Sacra.

 

Salvaje y delicado, este árbol había producido durante siglos el bien más preciado del mundo, el incienso. Reyes y nobles pagaban sumas ingentes de dinero para obtener el tan preciado incienso omaní.

 

Árbol del incienso, Salalah, Omán

 

Tal era su valor, que fue uno de los regalos que los Reyes Magos, los tres sabios de oriente, entregaron al niño Jesús, el oro como símbolo de realeza, el incienso como símbolo de divinidad y la mirra de Jesús como hombre, ya que con ella se embalsamaba a los muertos.

 

La ruta del incienso que iba desde la India hasta el Mediterráneo con su epicentro en Dhofar, había sido una de las rutas comerciales más importantes de la historia.

Las interminables caravanas de camellos que cruzaban Arabia intercambiaban las más lujosas mercancías, pero también cultura y pensamientos.

 

Sitio arqueológico de Khor Rori, Dhofar

 

Y Omán conservaba orgulloso las huellas y raíces de la tan preciada resina aromática, tanto, que La Ruta del Incienso en Omán fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en el año 2000 como “La Tierra del Incienso”, incluyendo el bosque Wadi Dawkah (árboles de incienso), el oasis de Shisr/Wubar (punto de caravanas) y los puertos Khor Rori y Al Baleed.

 

Ver aquella resina salir de las grietas de los árboles me emocionaba sobremanera y poder oler su dulce y embriagador perfume en los mercados de Salalah, fue una sensación indescriptible.

 

Incienso de Omán, el mejor del mundo

 

Miles de años de historia de la humanidad concentrados en aquellas pequeñas y delicadas lágrimas que hoy también ayudaban a producir el perfume más caro del mundo.

 

 

Las aguas turquesas de las playas de Dhofar

Las aguas turquesas que bañaban las blancas playas de arena fina de Dhofar habían sido testigos de miles de historias a lo largo de los tiempos.

 

Pueblo abandonado

 

Entre ellas las historias de los árabes del mar que recorrían los mares desde la India hasta África dejándose llevar por las corrientes del monzón del Khareef, que durante el verano pintaba Salalah de mil tonos de verde.

 

Salalah durante el monzón

 

Y también historias de pescadores que hubieran parecido leyendas si no fuera porque estaba viéndolo yo misma con mis propios ojos en ese mismo instante.

 

Por momentos el mar se tornaba color plata, las olas reflejaban la luz del sol a modo de espejo, un espejo en contante movimiento que oscurecía y hacía brillar el mar a su antojo al ritmo de las corrientes. Los bancos de sardinas eran tan abundantes que los pescadores no daban a basto. Las camionetas rebosaban sardinas frescas y cualquier vecino que se acercara, volvía a casa con un par de bolsa llenas. Había sardinas para toda Salalah.

 

Sardinas, Salalah, Dhofar Omán

 

Y los vecinos y pescadores no eran los únicos que se acercaban a sus playas, también lo hacían los camellos, que aprovechaban para relajarse junto al mar.

 

Aquel mar era sumamente rico, además de espectacularmente bello.

 

Playas de Salalah

 

 

 

Cuartel vacío, el desierto de Rub al Khali

 

Pero Dhofar escondía otra inmensidad tan hipnótica como el movimiento de las olas de mar. El desierto de Rub al Khali, conocido como Cuartel Vacío, una inmensidad de arena dorada, quimera de aventureros y exploradores, que muy pocos se atrevían a cruzar, pero que era uno de los lugares más especiales para los habitantes de Dhofar.

 

 

Allí donde se perdían de vista las caravanas de camellos cargadas de incienso y solo las estrellas podían guiar sus pasos en el infinito desierto.

Donde se perdía el rastro de las huellas del hombre y bajo un manto de estrellas, se abría paso la imaginación.

 

Camellos en el desierto

 

Adentrarse en sus arenas infinitas era para mi uno de esos sueños pendientes, una quimera, un lugar que aún me aguardaba y en el que esperaba poder adentrarme muy pronto.

 

Lo inevitable había sucedido, sabía que ocurriría, me había enamorado perdidamente de Dhofar.

 

Camellos tropicales

 

 

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Salalah, mucho más que el paraíso tropical de Omán | Enero 2026 | Las sandalias de Ulises

 

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Soy Clara, una viajera emocional e intimista.

Cada viaje es un descubrimiento de una parte de mi, conocer otros lugares y culturas ha sido también una forma de conocerme mejor y crecer como persona. ... y cuando vuelves, ves que todo está igual pero tú ya no eres la misma.

También soy comunicadora de viajes en podcast, radio, televisión, charlas, eventos, y he colaborado en diversos proyectos turísticos.

La vida es el auténtico viaje y lo importante es disfrutar de cada etapa del camino, es por ello por lo que Las sandalias de Ulises es un blog de viajes camino a Ítaca.

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