Conversaciones con Freud en Viena… Ello, Yo, Superyo y otros cuentos

 

Me encuentro en el Leopold Museum de Viena. Mientras la gente va y viene a mi alrededor, yo no puedo dejar de mirar hipnotizada un lienzo de Gustav Klimt. En él la muerte observa atentamente el dinámico y caótico movimiento de la vida, esperando pacientemente su momento.
“Muerte y Vida” se llama y con él Klimt ganó el Primer Premio de la Muestra Internacional de Arte en Roma, en 1911.

 

“Muerte y Vida” de Gustav Klimt

 

El otro día alguien me decía que hago mucha referencia a la muerte en mis escritos, no me había parado a pensarlo, o quizá si sea muy consciente de ello.
Notar la presencia de la afilada hoja de la guadaña cortando suavemente el aire me empuja muchas veces a tomar decisiones, difíciles en ocasiones, aparentemente sencillas en otras.

 

No se trata de que la vida sean cuatro días y haya que bebérsela de un trago, ese Carpe Diem publicitaria e intencionadamente mal interpretado y que se confunde en la mayoría de ocasiones con seguir nuestros impulsos más primarios, «dejarse llevar» lo llaman algunos, «Ello» lo llamaría Freud.

Ante determinadas situaciones, nuestro corazón bombea con más fuerza y los instintos luchan por salir del inconsciente con la ferocidad del animal que llevamos dentro.
Según Freud todos esos impulsos están ocultos y dominados por el «Yo», la parte más social y realista de nuestra personalidad, que busca obtener el placer de una forma más adaptada a las exigencias de la sociedad.
El Yo es el equilibrio entre nuestros impulsos básicos, nuestros ideales y la realidad, el encargado de racionalizar los instintos más primarios.
La balanza entre los impulsos y la moral, entre el Ello y el Superyo.
Este último representa los pensamientos éticos, nuestros valores, nuestra conciencia moral. Es la instancia psíquica que vela por el cumplimiento de las reglas morales adquiridas.

 

Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas… dejar el Superyo fuera de la maleta porque vamos a un lugar en el que nadie nos conoce y podemos dejar que el Yo se relaje un poco, y el Ello gane terreno y se suelte la melena.
¿Estar fuera de nuestro entorno nos hace cambiar de personalidad?
¿Es la moral un término espacio-temporal?

 

El mundo se mueve muy rápido, en ocasiones demasiado, estamos rodeados de estímulos constantes, y muchas veces nuestro «Yo» se ve en la tesitura de hacer un rápido balance, antes de dar un paso en falso, mientras el «Ello» empuja y susurra con voz tentadora y el «Superyo» presiona y sermonea sobre las consecuencias a modo de conciencia.

 

No hay una respuesta correcta, Sigmund Freud, no creía que existiese una solución definitiva al enfrentamiento entre las tres instancias psíquicas, según él la clave de una personalidad sana es un equilibrio entre el Ello, el Yo y el Superyó.

Todo es subjetivo y depende de cada persona y situación. Con lo que ser fiel a uno mismo parece la única brújula vital posible, mantener a raya de forma consciente al «Ello» y que el «Yo» sea capaz de analizar y asumir las consecuencias de sus actos decidiendo si tiene en cuenta o no al «Superyo», la voz de la conciencia, aquí o en Las Vegas.

 

«Tu problema es que piensas demasiado » me han dicho alguna vez…

¿Y tú qué opinas Freud?

“La gran pregunta que nunca recibe respuesta y que yo no estoy capacitado para responder, después de mis treinta años de estudios sobre el alma femenina, es: ¿qué desea una mujer?”

 

Y así acabaron mis conversaciones con Freud en Viena, cerca de la calle Berggasse…

 

En el número 19 de dicha calle se encuentra la que fuera la Casa y ahora Museo del padre del psicoanálisis.
Aunque con la entrada de los nazis en Austria Freud se resistía a marcharse de Viena, tanto él como su familia sufrieron el acoso de la Gestapo, por su origen judío y sus teorías. Sus libros fueron quemados y su familia perseguida. Finalmente huyó a Londres gracias a la ayuda de Marie Bonaparte, llevándose la mayor parte de sus pertenencias, con excepción de los muebles de la sala de espera de la consulta, que aún permanecen en la Casa Museo de Viena que se puede visitar todos los días de la semana e incluso cenar allí.

 

 

Conversaciones con Freud en Viena… Ello, Yo, Superyo | Las sandalias de Ulises

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