Conversaciones viajeras: Elías el agente de viajes

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Conversaciones viajeras

Reflexiones de Elías el agente de viajes

 

Era la segunda vez en mi vida que coincidía con Elías, la primera también fue en Orlando, Florida. Es argentino, tiene casi 60 años, su cabellera es de un blanco plata, su tez clara y sus ojos de un azul cielo intenso.

 

 

 

«¿No parezco argentino, verdad?, ¿Pero qué es ser argentino?- me dijo – mis abuelos emigraron del Este de Europa a Argentina, después de la I Guerra Mundial, esa tierra, mi tierra, los recibió con los brazos abiertos y allí se conocieron, construyeron una nueva vida y formaron una familia, una familia argentina.”

 

«Clara lo que le da sentido a esta profesión –continuó – es toda la gente que hemos ido conociendo por el mundo a lo largo de nuestra vida, eso es lo que hace que yo sea como soy hoy y lo que soy ahora, todo lo que me han ido aportando. La clave no es cuánto dinero he facturado sino cuánto he aprendido. Esto debería ser la industria de los viajes, y esto es lo que aporta valor, no al negocio, a la vidahizo una pausa para respirar profundamente.

 

 

 

 

“Hablar con alguien sólo para obtener un beneficio, para sacar algo, hacer negocio, ¿networking lo llaman? no, no te equivoques, se llama interés puro y duro. ¿Y dónde quedan los valores, la humanidad y el intercambio de impresiones? Son los distintos puntos de vista lo que nos enriquecen como personas, la vida no sería nada sin todo esto, nosotros no seríamos nada. Una buena conversación, una larga sobremesa, un intercambio de pareceres, eso es lo mejor de la vida Clarita»

 

Se tomó un respiro y miró al infinito, como buen argentino, le gusta hablar y mucho,  reflexionar y darle vueltas a las cosas, por algo son los reyes del psicoanálisis, con permiso de Freud.

 

 

 

Mientras él suspiraba, por mi mente pasaron a modo de flashback escenas, rostros y situaciones, personas a las que he conocido de todos los rincones del planeta, conversaciones que me han enriquecido como persona, ventanas que se han abierto y prismas que he descubierto; regalos de la vida en forma de diálogos, charlas que son tesoros y que marcan un antes y un después. Momentos de gran valor gracias a los cuales soy hoy como soy. Mi mente asentía, las afirmaciones de Elías no podían ser más ciertas.

 

Todos tenemos algún secretoprosiguió tras la breve pausa– pequeños, nada grave ni delictivo, ya sabes, cosas íntimas, nuestra cara oscura, como la tiene la luna, pensamientos que preferimos no compartir con nadie. Pero en esta sociedad en la que vivimos tan sobreexpuestos, cualquier comentario fuera de tono, puede ser sobredimensionado y utilizado en nuestra contra. Todos tenemos días de furia y hastío, pero parece que esta nueva sociedad de la felicidad obligatoria y máscara sonriente nos lo impide, pagando un precio muy alto si sale a la luz.”

 

 

 

“En ocasiones me pregunto si estamos progresando, involucionando o todo es cuestión de ciclos” – le dije a modo de rápida reflexión.

 

Él mirándome fijamente prosiguió “Vivimos un periodo socialmente muy convulso, hemos evolucionado mucho, ha desaparecido la tortura y la esclavitud, pero existen otro tipo de linchamientos. Estamos en la época de la sobreinformacion, las fake news y la hipersensibilidad en la que todo se puede sacar de contexto y es un arma muy peligrosa.”

 

“Es además el momento de las pantallas y la tecnología – continuó –  pero debemos humanizarla, quitar los ojos del móvil y disfrutar de la oportunidad, del regalo que es estar en contacto con personas distintas, con otros mundos, sociedades, ideas y continentes, y dejar que todo ello nos enriquezca, que se quede en nosotros y nos cambie, nos redibuje y nos mejore.” Los pensamientos acudían a mi mente cuál torrente imparable en forma de imágenes.

 

 

 

“Hay que leer” –continuó – “leer mucho, leer de un extremo y del otro, razonar, reflexionar y sacar nuestras propias conclusiones. Dialogar, hablar y debatir con aquellos que piensan diferente a nosotros ¿no crees Clarita?”  – sus ojos se habían vuelto de un azul mucho más intenso.

 

 

 

“¿Qué nos puede aportar una persona que piensa exactamente lo mismo que nosotros? la diferencia es lo que nos hace crecer como personas y como sociedad. Con más diálogo reduciríamos el espacio para los fanatismos, los adoctrinamientos, el nulo pensamiento crítico y la cerrazón. En ocasiones echo en falta más reflexión”

 

El autobús paró y se encendieron las luces, era momento de bajar.

 

“Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente” Mark Twain

 

La conclusión no podía ser otra estando en Florida, la tierra natal del escritor estadounidense quien parecía haber estado presente durante toda nuestra conversación, que ahí quedó, como uno de esos tantos y a la vez tan pocos diálogos que van más allá de las manchas de aceite, que flotan en la superficie, esas charlas viajeras.

 

 

 

 

 

Conversaciones viajeras | Marzo 2019  | Las sandalias de Ulises

 

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