Adiós a mis zapatillas viajeras

Tiempo de lectura: 3 min

Saber decir adiós

 

 

Hoy va a ser nuestro último paseo juntas y no podéis imaginaros lo que me entristece. Con todo el dolor de mi corazón os escribo esta carta a modo de despedida.

Nuestras vidas se cruzaron por primera vez hace 10 años en Viena, era mi segundo viaje a la preciosa capital de Austria, y no sería el último. Hubo un tercero y estoy segura de que habrá un cuarto.

 

Viena

 

 

Os vi en el escaparate de aquella tienda de deportes y el flechazo fue inmediato, con media talla más hubierais sido perfectas, pero erais el último par y lo interpreté como una señal.

Los reflejos del sol de la mañana en vuestra superficie bronce brillante me hacen recordar cada uno de los viajes que hemos compartido.

 

Manila Intramuros, Filipinas

 

 

Ibais a ser las sustitutas de aquellas deportivas color plata del mismo modelo que me acompañaron durante mis 2 años en Polonia. Tan intensa fue nuestra relación que hasta la nieve llegó a colarse por el agujero de la suela, esta zona es sin lugar a dudas vuestro talón de Aquiles.

Pero vosotras erais incluso más elegantes, no tiene porqué ser el bronce el tercer puesto, ya sabéis que en muchas cosas yo no sigo los órdenes establecidos

 

Es vox populi mi debilidad por las deportivas de colores metálicos, oro, plata y bronce como medallas olímpicas han calzado mis pies y guiado mis pasos por casi 50 países.

 

 

Tuneles de Cuchi, Vietnam

 

 

 

Al bajar la mirada os veo impecables, prácticamente como el primer día, con alguna herida de guerra y cicatriz casi imperceptible y pienso que es una verdadera lástima deshacerme de vosotras, seguís siendo preciosas, pero a estas alturas de la vida ya sabemos que lo importante no es el exterior.

 

Cierto es que vuestras hermanas plata resistieron más ferozmente las inclemencias del tiempo que vosotras, llegando incluso a sobrevivir al duro clima de los Tatras en Polonia y volviendo a España cuasi moribundas por no tener yo el valor de darles digna sepultura en su momento, cosa que no ocurrirá ahora. Hay que cerrar capítulos y hacer un ejercicio de desapego.

 

Llega un momento en el que hay que decir adiós. No solo vuestra vida útil ha llegado a su fin, sino que además es incluso peligroso que sigáis guiando mis pasos ya que la superficie de la suela está ya tan estropeada que el suelo firme está dejando de serlo. Un paso en falso podría poner en peligro mi integridad, del mismo modo que lo sería mi insistencia en seguir llevándoos.

 

 

Vosotras

 

 

 

Tras haberos cambiado de armario varias veces e intentar engañarme a mí misma pensando que seguís siendo las mismas del primer día, he decidido caminar con vosotras por última vez, comprobando, con un par de resbalones, que ya no podéis acompañarme ni en los más breves trayectos, reafirmando así mi decisión de que ha llegado vuestro momento.

 

Tener 10 años unas deportivas podría considerarse un récord, me caracterizo por cuidar con cariño mi ropa y mi calzado, pero he de reconocer qué hace ya un tiempo que sé que sois prácticamente inservibles. Nada dura eternamente y mucho menos la goma de las suelas de unas zapatillas Nike.

 

Podemos almacenar deportivas y objetos de todos los colores por si algún día necesitamos gastarlas y cuando llegue el día darnos cuenta de que la goma o la textura o el momento, ha caducado. Guardar para «cuando llegue ese día especial» que puede que no llegue nunca. El día más especial es siempre hoy.

 

«¡Tíralas ya! no ves que la suela está estropeada» o «Cómo vas a tirarlas con lo bonitas que son», oiremos tantas cosas. Todo el mundo tiene su opinión, pero sólo yo tengo que andar con ellas y solo yo puedo y debo decidir cuándo dejar de hacerlo. Son mis pasos y es mi camino.

 

 

Camino

 

 

No puedo dejar de miraros, me atrevería a decir que sois las deportivas más bonitas que he tenido jamás. O quizá no, todo es cuestión de momentos y perspectivas, pero vuestra belleza y elegancia es innegable. Me han llegado incluso a parar por la calle para lanzaros algún piropo.

 

Mis deportivas bronce

 

 

 

Las despedidas son siempre dolorosas,  suponen cambios, cerrar las puertas de lo conocido para abrir las ventanas a lo desconocido. Vaciar el zapatero de zapatos inservibles y hasta peligrosos, para dejar así espacio a nuevas adquisiciones y qué estas si se ajusten al ritmo de mis pasos.

 

Hace poco entraron unas nuevas zapatillas a mi vida, también Nike, por desgracia vuestro modelo ya no existe, juro que os he buscado.

Y no, estas no son ninguna de las tres medallas olímpicas. Son verde militar, algo más discretas, pero con una suela más gruesa y he de reconocer que mucho más cómoda, para caminar con firmeza y sin miedo a resbalar. Aún necesitamos acoplarnos, no hemos tenido tiempo de conocernos demasiado, pero estoy segura de que lo tendremos.

 

Os miro por última vez y pienso, que no es, en este caso, bronce todo lo que reluce.

 

 

 

Saber decir adiós | Junio 2019  | Las sandalias de Ulises

 

 

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Comments ( 2 )

  • Marina [Los Pobres También Viajamos]

    ¿Te creerás que eso me ha pasado a mí con unas botas que me compré ante de viajar a Berlín sin saber que iba a visitar la capital de Alemania?

    Las he machacado tanto que están rajadas, pero todavía las guardo. Para un ratito me sirven…

    • Las sandalias de Ulises

      jajaja, es curioso que haya prendas de ropa que despierten sentimientos especiales, quizá por las circunstancias vividas con ellas!

      Un saludo!

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