¿Viajamos igual hombres y mujeres?
Presentación del libro “Siempre nos quedará Cabinda: 26 miradas al mundo “, en la Sala Campoamor del Congreso de los Diputados.
Libro del que tengo el gran honor de ser coautora junto con otros grandes viajeros y escritores de viajes.
Escucha mi intervención completa en la Presentación:
Este libro coral nacido en los encuentros viajeros del Forn del Senyor de Altafulla, de la mano de la Asociación de Viajeros y Escritores (AVE), está formado por 26 experiencias viajeras, espirituales, místicas y críticas… 26 formas de entender el viaje, firmado por grandes viajeros y escritores de viajes. Un libro tan único como cada una de las experiencias que en él se relatan.
En este horno medieval de Altafulla tienen lugar unos encuentros viajeros sumamente especiales. Y ahora tú también puedes adentrarte en ellos a través de las páginas de este libro.
Puedes comprar tu ejemplar del libro “Siempre nos quedará Cabinda” a través de este enlace.

¿Cómo viajamos las mujeres?
Hace un par de semanas en Dubai coincidí con un amigo saudí, que había conocido en mi viaje sola por Arabia Saudí el año pasado .
Estuvimos poniéndonos al día de muchas cosas y me preguntó que donde me alojaba yo normalmente y si había buscado casas particulares porque uno de sus sueños es ser mochilero.
Le dije “soy mujer viajando sola, tengo que tener muchas cosas en cuenta a la hora de escoger un lugar en el que alojarme”.
Como si acabara de aterrizar, me contestó “Claro, no había caído en eso“.
Y es normal que él no pensara en eso, porque él es hombre, él no tiene esa carga mental, ni esa preocupación, ni ese tener que mirar que nadie te siga, buscar calles iluminadas cuando vuelves a casa, estar pendiente constantemente de reacciones y movimientos extraños…
En Valencia, aquí en Madrid o en cualquier lugar al que viaje, porque es algo con lo que vivimos y que se incorpora a nuestra mochila vital desde que somos conscientes de que somos mujeres.

Nuestras mochilas de viaje son mucho más pesadas que las de los hombres. En ellas tenemos que llevar mucha más información sobre la las costumbres, forma de vestir, los peligros y las leyes, como son de igualitarias y como de discriminatorias. Qué cosas tenemos permitidas por el hecho de ser mujer y qué cosas no. Qué situaciones debemos evitar si no queremos tener problemas añadidos, escuchar a nuestra intuición cuando conocemos a alguien.
Un radar permanente que el hombre viajero no tiene que tener en cuenta.
Pero no voy a decir que viajar siendo mujer tenga desventajas, porque ventaja o desventaja, son etiquetas positivas o negativas son etiquetas que llevan carga y las etiquetas limitan.
Lo que sí es cierto es que nuestra condición de mujeres nos hace ver el mundo y acercarnos a él de otra forma.

Cuando estaba preparando mi viaje sola por Irán, un amigo que había viajado allí me dijo “Clara, no sabes cuánto te envidio porque tú vas a poder ver y vivir un Irán que yo no vi y que jamás conoceré.”
Y tenía toda la razón, desde el primer momento en el que aterricé en el país, se me abrió por completo otro mundo distinto, el Irán que todo el mundo ve, y también el Irán de las mujeres al que los hombres no tienen acceso.

Allí,ha sido uno de los muchos lugares en los que las mujeres se han acercado a mí para preguntarme y para hablar, guías mujeres con las que contacté, con las que acabé haciendo amistad, quedándome en su casa en casa de su abuela, con su suegra, sus primas, sus sobrinos..
Entablando conversaciones profundas sobre temas delicados como concepciones de la familia, el divorcio, nuestras insatisfacciones vitales, sueños y anhelos como mujer, pero también como personas.
Acompañados de abrazos y besos, un contacto físico a los hombres viajeros no tienen acceso.
Pero no solo en los países musulmanes o en los países árabes, donde mi experiencia en este aspecto siempre ha sido maravillosa, me ha sucedido en muchos otros lugares del mundo, en Europa del este, en Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, en Japón y en muchos otros.

Existe una hermandad universal muy fuerte entre las mujeres del mundo, un cuidado mutuo, una protección, cualquier mujer de la calle está pendiente de que no te pase nada, abuelas, madres y niñas…
Las mujeres de todas las edades se acercan a ti sin miedo, buscan conectar contigo y te abren el corazón.
A las mujeres viajeras se nos abren los entornos familiares, las casas y el corazón de las mujeres.
No podemos entrar al Monte Athos y a algunos otros lugares, pero hay pueblos a los que solo las mujeres tenemos permitido la entrada, porque allí viven en familias y por eso los hombres ajenos a ellas no pueden entrar.
Porque las mujeres no somos consideradas como una amenaza en ningún sitio.
Y esto sí es una grandísima ventaja.
Pasamos mucho más desapercibidas y cuando nos acercamos a un lugar o a un entorno familiar, bajan todas las barreras defensivas.

No somos consideradas como un peligro, ni para otras mujeres, ni para las familias, ni para los niños y mucho menos para los hombres.
Hombres que en muchísimos lugares también se preocupan mucho por nosotras, haciéndonos más llevadera “esa mochila nuestra”.
Yo lo he vivido especialmente viajando sola, hombres locales preocupados porque estuviera bien, por pedirme un taxi, por llevarme al aeropuerto, por que no me faltara de nada, compartir comida conmigo, invitarme a comer, por acercarme a algún sitio… con un instinto nato de cuidado y protección.
Y muchos de ellos se han convertido en grandes amigos.

Yo soy muy consciente de que se me han abierto muchas puertas, casas, lugares prohibidos, conversaciones profundas y corazones por el hecho de ser mujer.
Incluso lugares acordonados por la policía y el ejército, simplemente pidiéndolo.
Las mujeres viajeras vivimos una dualidad, una realidad por nuestra condición y es que se nos abre el mundo de los hombres por ser viajeras occidentales, se nos permite entrar y ser partícipes de la vida masculina en muchos lugares en los que las mujeres locales no lo hacen.
Pero también se nos abre completamente el mundo de las mujeres, en muchos lugares vetado a los hombres, por nuestra condición de mujeres.
Sí hay una visión femenina del viaje, porque ser mujeres nos permite adentrarnos en profundidad en el otro 50% del mundo, y verlo y compartirlo desde lo más profundo.
Desde otra perspectiva, la que nos da ser mujeres viajeras.
Presentación del libro “Siempre nos quedará Cabinda: 26 miradas al mundo “, en la Sala Clara Campoamor en el Congreso de los Diputados.

¿Viajamos igual hombres y mujeres? Presentación del libro “Siempre nos quedará Cabinda” en el Congreso de los Diputados| Noviembre 2024 | Las sandalias de Ulises
Soy Clara, una viajera emocional e intimista.
Cada viaje es un descubrimiento de una parte de mi, conocer otros lugares y culturas ha sido también una forma de conocerme mejor y crecer como persona. ... y cuando vuelves, ves que todo está igual pero tú ya no eres la misma.
También soy comunicadora de viajes en podcast, radio, televisión, charlas, eventos, y he colaborado en diversos proyectos turísticos.
La vida es el auténtico viaje y lo importante es disfrutar de cada etapa del camino, es por ello por lo que Las sandalias de Ulises es un blog de viajes camino a Ítaca.

