El cráter de Darvaza, en Turkmenistán ¿la puerta del infierno o el fuego purificador?
Las llamas me tenían totalmente hipnotizada, no podía apartar la mirada, se movían caprichosamente al antojo del viento, como en la danza del fuego, o en su caso la del gas, que no había dejado de combustionar en los últimos 50 años.
Dando pasos prudentes para, en la total oscuridad de la noche, no caer en aquel enorme agujero en llamas, me acerqué despacio a él.
“¿No te parece un lugar fascinante Noker?”, el fuego se reflejaba en sus oscuras pupilas.
“Bueno, estoy tan acostumbrado a venir aquí, que para mi es ya un lugar cotidiano”

Alto y delgado, se me representó su silueta, estaba sentado frente al fuego de la chimenea avivando las brasas con una mano mientras con la otra sujetaba la parrilla con las chuletas. Por el fondo, en la cocina, se oía hablar a mi abuela.
El recuerdo de la incomodidad que me suponía comérmelas se ha visto superada con creces con el tiempo por el amor que le tengo a esos momentos que atesoro en mi memoria, tan cotidianos y al mismo tiempo tan especiales. Era su cena favorita.
Hoy te hablamos de...
El crater de Darvaza
En pleno corazón del desierto de Karakum, en el asiático país de Turkmenistán, se encuentra el pozo de Darvazá.
Un accidente humano fue el causante de este lugar fascinante cuyas brillantes llamas te hipnotizan con solo mirarlo.
En 1971, un grupo de geólogos soviéticos realizaba prospecciones de gas cuando, de manera inesperada, la tierra colapsó.
Habían encontrado una caverna subterránea repleta de gas natural. Ante el riesgo de que gases tóxicos se liberaran en la atmósfera, decidieron prender fuego al cráter, creyendo que el incendio se extinguiría en unos días.
Y ahí sigue, el fuego continúa ardiendo sin interrupción desde entonces.

El gas y el fútbol
Las luces de un coche iluminaron el camino de tierra, del todoterreno blanco bajaron cuatro hombres, la chaqueta de uno de ellos los delataba. En el lateral izquierdo una llama bordada acompañaba a tres letras clave, Gaz, podía leerse claramente.
Tras intercambiar un par de frases con Noker se acercaron a saludar:
-“¡De España!” exclamó reconfirmando uno de ellos en una mezcla de inglés y turcomano. “¿Barcelona? ¿Madrid?” Continuó esta vez preguntando.
-“De Valencia “, le contesté.
Y lo que menos esperaba, sucedió, como el que hace la quiniela todas las jornadas, procedió a enumerar uno a uno, como si estuvieran saliendo al terreno de juego aquella noche, a los jugadores del Valencia CF.
Me pilló fuera de juego, nunca mejor dicho, aquel tema me quedaba muy lejos en el tiempo y allí aún más, en el espacio.
El hombre del gas parecía emocionado de poder compartir sus conocimientos futbolísticos y tampoco me parecía oportuno desilusionarlo, no fue complicado tirar de clásicos.

Con la discreción y miramientos que le caracterizaban, Noker se acercó a mi: “Clara, si os están molestando, dímelo”, me susurró con su suave voz.
Estaba resultando interesante poder intercambiar frases y alguna que otra fotografía, con las únicas almas que rodeaban la gran hoguera de gas aquella noche, impresiones no era tan factible debido a las barreras del idioma.
Noker pareció quedarse más tranquilo tras mi breve explicación.
Aunque le resultara cotidiano, también parecía hipnotizado por el movimiento de las llamas, o quizá, absorto en sus pensamientos, el fuego invitaba a ello.
El fuego sagrado del Zoroastrismo
Una dulce voz de mujer recitaba las oraciones, las lenguas de fuego parecían querer dejarse llevar por el son de la melódica cantinela.
Estaba muy emocionada, no podía creer lo que veían mis ojos, no solo estaba en Irán, cumpliendo uno de mis grandes sueños viajeros, sino que además estaba en el templo de fuego de Yazd, uno de los lugares más sagrados aún en activo, del Zoroastrismo.
Sentí como una paz me invadía desde lo más profundo, mi mente seguía el suave ritmo de aquellas oraciones que se repetían sin cesar. Me senté en el suelo, justo bajo la imagen de Zaratustra que presidía la escena, desde el suelo seguí observando como ardía la llama eterna.

El crater de Darvaza iluminaba la noche estrellada del desierto turkmeno, unas pequeñas luces a lo lejos permitían intuir la explotación de gas en un lado y las yurtas en otro. Me resistía a abandonar aquel lugar que la noche a ratos fría a ratos cálida, según como moviera el viento las llamas, hacía aún más cautivador.
Lejos del cráter las estrellas se veían con total claridad y aunque aún ningún cielo había podido superar la belleza de la noche del Uluru, en el corazón del desierto australiano, la conocida como la puerta del infierno era un lugar absolutamente magnético.

La llama de resurrección
Ni en sueños hubiera podido imaginar que viviría aquella experiencia en Rila. Era ya de noche cerrada cuando el monasterio abrió sus puertas, silenciosos ríos de gente fueron acercándose al templo hasta llenarlo por completo, era la noche del Domingo de Resurrección de la Pascua Ortodoxa y yo era una peregrina búlgara más en el monasterio. No cabía un alma más en su interior.

Siguiendo los ritos de la celebración, comenzaron a repartir entre los presentes finas candelas, el fuego originario del gran cirio, fue pasando de unos a otros hasta que todas las candelas de los allí presentes quedaron encendidas.
El río ahora de llamas salió, rodeó por completo el templo y al unísono coreó varias veces “Cristo ha resucitado”, los ecos provenientes de la hospedería del monasterio hicieron los coros.
Tenía la piel de gallina, el sueño de pasar la noche en Rila había superado con creces cualquier expectativa.

A altas horas de la madrugada y tras más de cuatro horas de celebración ortodoxa de pie, cuando apenas quedaban tres personas en el templo, decidí que era hora de marcharme a mi celda. Bajo cuatro pesadas y ásperas mantas, caí fulminada en los brazos de morfeo.
Amanecer en Darvaza
Como cada día, el sol volvía a salir por el horizonte, y también lo hacía en Darvaza. El desierto de Karakum tenía un encanto especial, árido, pedregoso e infinito, su colorido cambiaba según lo hacía la posición del sol, cubriendo todo el pantone de marrones, beiges y dorados.
Ver el cráter iluminarse con los primeros rayos del sol desde lo alto de la colina sin nadie alrededor, rozaba lo místico.

El fuego lo consumía todo por completo, cada 19 de marzo, coincidiendo con el solsticio de primavera, Valencia era pasto de las llamas. Nada quedaba de los espectaculares y coloridos monumentos, tan solo una montaña de cenizas, como prueba de lo allí acontecido.

Soltar lo viejo para dejar espacio a lo nuevo.
Como le sucedía al Ave Fénix, el fuego suponía un renacer, de sus propias cenizas, mucho más fuerte.
Me despedí del gran cráter que se fue perdiendo en la línea del horizonte, haciéndose cada vez más pequeño hasta fundirse con el inmenso cielo y desaparecer por completo de mi vista.

Turkmenistán me estaba resultando mucho más fascinante de lo que jamás hubiera pensado.
Curioso como los sueños viajeros cumplidos acababan siendo siempre mejores de lo imaginado.

¿Quieres viajar a Turkmenistán?
Turkmenistán es un destino único, uno de los países más difíciles y herméticos del mundo que atrae el imaginario de los viajeros, pero ¿te gustaría conocerlo?
En colaboración con Siente Arabia, diseñamos tu viaje a medida y en grupo a Turkmenistán, ¡escríbenos!
Hay oportunidades que se presentan una sola vez en la vida y esta es una de ella.
Siente Arabia tiene una única salida de grupo a Turkmenistán, con un itinerario nunca visto y que probablemente, dadas las circunstancias no se vaya a repertir nunca.
Un viaje en grupo exclusivo.
¿Te vienes conmigo a Turkmenistán?
Escríbeme o directamente a info@sientearabia.com
Seguro de viaje para viajar a Turkmenistán
Viajes adonde viajes, te recomiendo que siempre lo hagas con seguro de viajes, pero dado el hermetismo del país, en Turkmenistán, más aún.
Yo viajo siempre con los seguros de IATI, que tienen muy buenas coberturas tanto sanitarias como de cancelación. Hay varias opciones de seguros, para los viajes intercontinentales, yo siempre escojo el Seguro Estrella que tiene más de 5 millones de € de cobertura sanitaria y lo puedes gestionar todo desde la App del móvil.
Puedes reservar tu seguro de IATI a través de este enlace y tendrás además un 5 % de descuento.
El cráter de Darvaza, en Turkmenistán ¿la puerta del infierno o el fuego purificador? | Enero 2025 | Las sandalias de Ulises
Soy Clara, una viajera emocional e intimista.
Cada viaje es un descubrimiento de una parte de mi, conocer otros lugares y culturas ha sido también una forma de conocerme mejor y crecer como persona. ... y cuando vuelves, ves que todo está igual pero tú ya no eres la misma.
También soy comunicadora de viajes en podcast, radio, televisión, charlas, eventos, y he colaborado en diversos proyectos turísticos.
La vida es el auténtico viaje y lo importante es disfrutar de cada etapa del camino, es por ello por lo que Las sandalias de Ulises es un blog de viajes camino a Ítaca.

