Srebrenica, viaje al alma del genocidio de Bosnia Herzegovina
El cielo amenazaba lluvia, los rayos de sol luchaban por atravesar las nubes grises que cubrían el cielo de Sarajevo aquella mañana.
Aún nos quedaban horas de camino hasta llegar a aquel lugar marcado por su trágica historia.
Ponía los pelos de punta con solo nombrarlo, era un desgarrador ejemplo de hasta donde podía llegar la maldad humana.

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De Sarajevo a Srebrenica
El ambiente era sombrío y no solo por las nubes plomizas que cubrían el cielo. Una calma tensa se respiraba durante el trayecto que discurría por la República Srpska y se hacía más perceptible cuanto más nos aproximábamos a Srebrenica.

Aquel día nos acompañaba Arna, una de las mejores guías turísticas de Sarajevo, pero es que su calidad humana superaba con creces su calidad como guía, cosa que ya era mucho decir.
Arna hacía que conectaras profundamente con los lugares a través de sus vastos conocimientos, pero lo hacía más aún con su especial sensibilidad.

Su pelo dorado, corto y liso, se movía con la misma suavidad con la que lo hacían las palabras que salían de sus labios y sus finos dedos al gesticular.
Delicada en sus movimientos y en su voz, era firme en sus principios y valores. Era tan dulce como inspiradora. Ella era una de esas personas a las que era imposible no admirar y a cada momento que pasaba, yo no podía evitar hacerlo más aún.
Bajo su flequillo lacio que caía sobre su frente como el agua por las cascadas que plagaban el territorito bosnio, resaltaban sus ojos azules que transmitían la más sincera bondad.

Con cada pequeño gesto, con cada palabra, con cada media sonrisa, abrazaba cálidamente los corazones de aquellos con los que nos íbamos cruzando y que de alguna forma habían sido víctimas de aquel genocidio. Era como ver aparecer a un ángel.
Su profunda conexión humana con la gente de Srebrenica era tal, que era capaz de irradiar luz y dibujar sonrisas en el día más sombrío.

“Ya estamos”, nos dijo con su suave voz.
Un gran bloque de hormigón en el que se leía Dutchbat, nos dio la bienvenida al que fuera el cuartel holandés de Naciones Unidas y epicentro del genocidio que se llevó a cabo en apenas un par de días.

¿Qué sucedió en Srebrenica? la peor masacre en suelo europeo desde la II Guerra Mundial.
Durante la guerra de Bosnia (1992-1995), las fuerzas serbobosnias emprendieron una campaña de limpieza étnica contra la población bosnia musulmana. Srebrenica, una ciudad en el este de Bosnia-Herzegovina, había sido declarada “zona segura” por parte de la ONU y estaba bajo la protección de un contingente de cascos azules holandeses (el batallón Dutchbat). Allí se refugiaron decenas de miles de civiles bosnios musulmanes, confiando en la protección internacional.

Cuando las fuerzas serbobosnias, lideradas por Ratko Mladić, entraron en Srebrenica el 11 de julio de 1995, los cascos azules holandeses bajo presión, permitieron que los atacantes tomaran el control.

Los soldados serbobosnios ordenaron separar a hombres y niños de mujeres y niñas. Los hombres y adolescentes fueron llevados aparte para ser ejecutados, la mayoría con las manos atadas a la espalda, en distintos lugares de la zona.

Mientras tanto, las mujeres y niñas fueron trasladadas en autobuses fuera de la ciudad, sufriendo muchas de ellas violaciones y violencia sexual.
Se estima que al menos 8.372 hombres y niños fueron asesinados en apenas unos días. Y más de 25.000 mujeres, niñas y ancianos fueron expulsados, sufrieron violencia y humillaciones.
Miles de cuerpos siguen desaparecidos aún a día de hoy.

Crímenes de Guerra: El genocidio de Srebrenica
Los tribunales internacionales para la Antigua Yugoslavia reconocieron los crímenes de Srebrenica como Genocidio.

El objetivo de las fuerzas serbobosnias era destruir deliberadamente a un grupo nacional, étnico o religioso, en este caso la comunidad bosnia musulmana (bosníacos) de la región.
Varios líderes serbobosnios fueron condenados por genocidio y crímenes de guerra en el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.
Tras el genocidio, el papel de la ONU y del batallón holandés fue duramente criticado por su pasividad, y el propio gobierno de Países Bajos terminó asumiendo años después una parte de la responsabilidad moral y parcial en la tragedia.

En Bosnia Herzegovina son pocos los que creen en los organismos internacionales y no es de extrañar. “United Nothing”, la llaman.
Razones para haber perdido la fe en Naciones Unidas y el resto de organizaciones internacionales, no les faltan.

El Dutchbat se conservaba prácticamente intacto, tal cual lo dejaron los holandeses en su huida. Mientras ellos festejaban con alcohol y música el “fin de su misión”, miles de bosniacos eran asesinados entre los bosques de Potocari.

El Memorial del genocidio de Srebrenica-Potocari.
El memorial albergaba ahora un nuevo museo, una nave enorme, con fotografías, objetos, reproducciones de algunos lugares y grandes pantallas. Era imposible no verse embargado por una absoluta tristeza, pero tomar conciencia de ello se hacía más necesario que nunca.

Quizá era inútil, pero seguía siendo necesario, hacerse la pregunta, ¿cómo podía estar sucediendo aquello sin que nadie hiciera nada por impedirlo?
La historia volvía a repetirse ante los ojos del mundo.

Aniversario del Genocidio
Cada 11 de julio, las colas en la carretera para llegar hasta Srebrenica se hacían interminables. El cementerio se llenaba de familiares y allegados, y era también el momento para enterrar nuevos cuerpos encontrados a lo largo del año o fragmentos y huesos de los mismos, aparecidos en las distintas fosas que se encontraban repartidas por la montaña.
Aquel cementerio era un mar de lápidas blancas marcadas cruelmente por una sola fecha.

La herida seguía abierta de alguna forma, y es que se hacía difícil cerrarla con monumentos y murales en honor a los genocidas repartidos por toda la Republika Srpska.
Pero a pesar de todo, para los supervivientes, el sol volvía a salir cada mañana regalándoles un nuevo día. Una nueva oportunidad para empezar de nuevo, lejos de allí, para muchos y para otros, aunque los menos, en su hogar, en Srebrenica de nuevo.

Arna nos condujo hasta su casa, ellos, supervivientes que habían decidido volver a la que un día fue su casa, nos estaban esperando con los brazos abiertos y la mesa puesta.
La comida sabía al más delicioso de los manjares y estaba hecha con ese cariño inmenso que se transmite con la mirada.

Los huertos que rodeaban la casa estaban repletos de tomates gruesos y carnosos, las semillas volvían a crecer y las flores, con cada primavera volvían a florecer de nuevo. La naturaleza siempre encontraba su lugar para renacer.

En Srebrenica, el sol seguía luchando por salir e iluminar con sus rayos, incluso a través de las nubes más oscuras.
A aquellas alturas, yo ya sentía gran admiración por los bosnios por muchas razones, pero sin duda, su resiliencia, era el mayor de los motivos.

Srebrenica, un viaje al alma del genocidio de Bosnia Herzegovina | Noviembre 2025 | Las sandalias de Ulises
Soy Clara, una viajera emocional e intimista.
Cada viaje es un descubrimiento de una parte de mi, conocer otros lugares y culturas ha sido también una forma de conocerme mejor y crecer como persona. ... y cuando vuelves, ves que todo está igual pero tú ya no eres la misma.
También soy comunicadora de viajes en podcast, radio, televisión, charlas, eventos, y he colaborado en diversos proyectos turísticos.
La vida es el auténtico viaje y lo importante es disfrutar de cada etapa del camino, es por ello por lo que Las sandalias de Ulises es un blog de viajes camino a Ítaca.

