Cómo orientarse sin Google Maps: La brújula interna

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Cómo orientarse sin Google Maps

 

 

El sentido de la orientación no es uno de mis dones como viajera, nunca he sabido interpretar demasiado bien los mapas. Forma ya parte del anecdotario viajero aquella noche del road trip de hermanas por Cerdeña en el que no supe leer bien el mapa y confundí unas vías de tren con una carretera (sí, sí) y dimos bastantes más vueltas de lo previsto, hasta que paramos el coche junto a una farola y mi hermana tuvo que mirar el mapa (¡Clarita por Dios!)

En mi defensa diré que este mapa era una fotocopia en blanco y negro, había poca luz, en aquella época no existía Google maps y me mareo bastante en el coche si me estoy fijando o leyendo…

Aunque la tecnología Google tampoco me asegura a mi encontrar el camino correcto sin haber dado antes un par de vueltas y subir y bajar hasta que me oriento. «Vaya en dirección noroeste»,  a mí esto no me ayuda demasiado.

 

 

 

El sexto sentido

 

Esta flaqueza me ha hecho desarrollar otras habilidades, una brújula interior, una orientación basada en la intuición, un sexto sentido (no, afortunadamente en ocasiones no veo muertos).

 

 

 

 

Desde siempre he tenido «vibras», vibraciones, pálpitos aleatorios. Sin buscarlo era capaz de adivinar a ciencia cierta resultados de partidos de fútbol, que equipos llegarían a la final de Champions League o Copa del Rey y cuál de ellos la ganaría, si iba a aprobar un examen o si algún conocido lo aprobaría, el sexo del bebé de las embarazadas (hay un 50% de probabilidades, lo sé, pero no me he equivocado nunca) y si iba a ganar un sorteo o no antes de que se realizara. He de confesar que esta vibración ha sido tan fuerte en las últimas ocasiones que me ha dado hasta rabia no sentir esa sorpresa y he de confesar que me da un poco de miedito.

Definitivamente ya sé de donde viene mi miedo al fuego, en otra vida debí ser bruja.

Aunque nunca he sabido adivinar los números de ninguna lotería, ni la Quiniela y otras cosas más sencillas, simplemente es algo que me viene sin buscarlo, unas sensaciones que aciertan en el 100% de las ocasiones.

 

 

 

 

 

La brújula interna

 

Probablemente este sentido era extrapolable a otras facetas de mi vida, pero al racionalizar esos pálpitos estos acababan deshaciéndose en mil pedazos y solo el tiempo me hacía ver que la primera sensación era la correcta.

Con el tiempo y tras hacer un rápido análisis estadístico, las conclusiones estaban claras, la primera sensación había sido siempre la acertada, sin fisuras, sin un mínimo porcentaje de error, 100% fiable.

Un nudo en el estómago y un pálpito son mucho más certeros qué horas de reflexiones. La mente siempre tiende a racionalizar, justificar y argumentar de mil maneras descafeinado así las impresiones más certeras. El estómago en cambio nunca falla.

Tras muchos ensayos y errores he aprendido a escucharme, a interpretar las señales y a orientarme en la vida con mi brújula interior.

 

Estoy aprendiendo a hacer callar a las voces del cerebro y a empezar a entender el particular idioma de las sensaciones, esas vibraciones indescriptibles que nos conducen siempre a la respuesta acertada. Si sientes que algo falla, es que hay algo que falla, si algo te hace sentir incómodo, no le des vueltas, no intentes justificarlo, escúchate, tu cuerpo te está enviando pistas. Por mucho que tu mente se intente engañar a sí misma, tu cuerpo seguirá emitiendo señales cada vez más y más fuertes hasta acabar gritándote de la forma más insospechada. El cuerpo necesita expulsar lo que no puede asimilar, así que lo mejor es escucharlo a la primera.

 

 

 

La brújula interna es aplicable a todas las circunstancias, situaciones y facetas de la vida, en los viajes, en la vida diaria y en las relaciones personales. Si esa calle no te inspira confianza, no vayas por ahí, lo mismo ocurre con las personas, conversaciones o situaciones, respeta tu equilibrio interno.

 

Equilibrio. Cementerio de Koyasan, Japón.

 

 

 

Como orientarse en los viajes

 

En los viajes, especialmente cuando viajas sola, sólo te queda confiar en tu intuición. Curiosamente, y a pesar de este déficit de orientación, viajo mucho sola. Le acabo dando mil vueltas a los mapas, pero pregunto una y mil veces, tantas como haga falta, ello me permite además entablar contacto y conversación con locales.

Me van los retos y opto mayoritariamente por el mapa de papel frente a Google maps (llamadme masoca).

 

 

 

Aunque quizá dé alguna vuelta de más, no me pierdo en demasiadas ocasiones. Pero no negaré que hay momentos en los que me da una rabia terrible perderme, una frustración que intento transformar con mayor o menor éxito en un desafío.

En mi viaje de 3 semanas a Japón viví algunas situaciones de desorientación un tanto frustrantes, pero que fueron resueltas gracias a la amabilidad japonesa.

A mi llegada a la estación de tren de Kii-Katsuura, para comenzar el camino Kumano Kodo, era ya de noche cerrada, llovía a mares, las calles, para variar, estaban poco iluminadas y no había forma de ver el nombre de ninguna de ellas. Para ponerlo aún “más sencillo”, me alojaba en una pequeña casa de huéspedes. Tras dar mil vueltas calles arriba y abajo, decidí preguntar a un matrimonio encantador que afortunadamente estaba saliendo de casa, ya que a esas horas ya no había más que coches pasando. Me subieron a su coche y me llevaron hasta el mismo hospedaje, acompañándome incluso hasta el check-in, no podía estar más agradecida por esta aparición angelical.

 

Kumano Kodo
Templo Kumano Hongu Taisha, Kumano Kodo

 

 

En Osaka me desorienté por completo en la salida del metro, me había fijado en el camino desde mi hotel, pero (también para variar), había escogido otra salida de metro, con lo que no sabía ni donde estaba. Pregunté un par de veces, hasta que una chica me dijo con una sonrisa de oreja a oreja “You my friend” y me llevó prácticamente de la manita hasta la puerta de mi hotel. Un absoluto encanto con la que solo me podía comunicar con sonrisas.

 

Y como no hay dos sin tres, la más legendaria de todas fue perderme, aún con GPS, en el interior de Tokyo station. Para los que no lo conozcáis, es una mini ciudad subterránea, la más caótica de todas las estaciones de Tokyo. Más que no encontrar la salida, mi grave problema era no encontrar la taquilla en la que había dejado mi maleta!! Tras una hora dando vueltas, mi frustración rozaba ya la impotencia, afortunadamente me había fijado en los nombres de un par de comercios que finalmente pude encontrar en el GPS y como el que encuentra un tesoro, ¡por fin las vi a lo lejos!

 

Restaurante de Trenes en Tokyo

 

 

 

 

¡Te lo dije!

 

Últimamente, creo que debido al entrenamiento vital, la armonía cuerpo-mente me hace interpretar las señales más rápidamente «Tengo una sensación…» «Creo que…» «Aquí hay gato encerrado…» y me acabo volviendo a casa con el…. perrito piloto para la señorita!! Nunca falla.

 

Superada la fase de «Te lo dije, porque no te escuchaste!» El premio ahora ya no es decirme  «Lo sabías! » a toro pasado, la mayor de mis satisfacciones actualmente es mi rápida reacción ante las sensaciones. Pararme a escuchar las señales, hacer caso a la primera a mi brújula interna, evitándome así dar vueltas innecesarias para acabar encontrando el camino que ya tenía delante.

 

 

 

La sensación de liberación es total y absoluta.

Lástima que a la hora de coger un mapa no me resulte tan obvio. Seguiré practicando, Google maps es muy cómodo pero atonta mi sentido de la orientación, tal y como adormece a la brújula interna todo el ruido exterior.

 

Si hay una cosa que está clara es que la respuesta está siempre en el interior, la felicidad no nos la va a proporcionar nunca una App.

 

 

 

 

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