¿En qué país desayuno hoy?

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Tazas del mundo

 

Como cada mañana me resulta imposible despertarme sin él, el despertador, cuya música me saca de un sobresalto de mi placentero y profundo sueño. Ya no existen las mañanas en las que como por arte de magia se me abrían los ojos a la hora indicada, ahora las energías sobrenaturales vienen del propio colchón que intenta atraparme cual fuerza magnética y del que tengo que zafarme tras varios avisos, más bien amenazas, musicales.

 

 

 

Y también como cada mañana hay un ritual que nunca puede faltar, el desayuno ¿Pero en qué lugar del mundo quiero desayunar hoy?

Abro la puerta del armario de la cocina y como si de un mapa se tratara una gran variedad de tazas del mundo esperan a ser el destino elegido para ese viaje matutino.

Las hay de múltiples formas, tamaños y colores, y más que estar ordenadas geográficamente, es su uso en mayor o menor medida el que las ordena. Mis desayunos no entienden de algoritmos, o quizá sí y de ahí la ubicación de cada una de ellas.

 

Mientras las observo una a una, mis dedos rozan su suave y fría textura y a mi mente vienen imágenes y recuerdos cual álbumes de fotos de viajes cuyas hojas pasan a gran velocidad como si el viento del tiempo se las llevara.

 

 

 

 

Y aunque Quito carita de Dios me promete un café ecuatoriano como ninguno ¿Robusto o Arábigo? me pregunta, declino la oferta, hoy me apetece un Café Latte, con más leche que café “Un café con leche de los míos por favor, corto de café, ya sabes” . ¿En Serbia quizá? No parece que sea hoy el día para volver a las animadas calles de Belgrado. ¿En Bergen tal vez? la taza de Noruega es tan bonita qué más qué llenarla de leche invita a contemplarla cual pieza de museo, como en Troldhaugen el piano de Edvard Grieg.

 

 

 

Aún no he tenido el valor de estrenar la taza del Palacio de Cultura y Ciencia de Varsovia, ella es uno de los tantos objetos que tengo que me recuerdan a él, a mi amor platónico.

 

 

 

Otra taza me lleva también de vuelta a mi querida Polonia. De entre su superficie azul klein destacan unas finas y pequeñas letras doradas UWM rezan, mi Universidad en Olsztyn. Su malograda hermana de color mostaza se hizo añicos una trágica mañana. Confesaré, ahora que ya no está su pariente, que la azul es una de mis tazas favoritas, no solo por los recuerdos que me trae de un lugar en el que fui muy feliz, sino también por su diseño elegante y minimalista de fondo estrecho y en la que cabe la cantidad perfecta de leche y Swapper de canela y limón, sabores que me llevan también de viaje, pero esta vez al pasado, a la infancia, en la que también fui muy feliz.

 

 

 

¿Puede un objeto de loza transmitir emociones? Eso parece ¿Y celebrar goles?

Miro a la gran taza azul del fondo y obtengo la respuesta, al cogerla con la mano automáticamente me teletransporto a aquella noche mágica de Champions League en Stamford Bridge, a su derecha de rojo y apuntándole con un cañón dorado, uno de sus grandes rivales a la par que vecino y a su izquierda como si de Jesucristo en la Cruz se tratara está no el ladrón, sino en este caso el verdugo en una fría noche de París, también de Champions. No parece el día para desayunar con goles.

 

La taza de Edimburgo me mira de reojo, no es momento para el té tampoco, balbuceo en voz baja para que no me escuche, menos aún lo es para el café turco, le digo esta vez sí en voz alta a la pequeña taza que nunca ha vuelto a ser utilizada desde aquel día de octubre en el Bósforo.

 

 

 

Me inclino como tantas otras veces por viajar al este, como siempre el subconsciente me delata y Ucrania parece que volverá a ser la elegida para el desayuno de hoy. Ojalá pudiera acompañar al café un trozo de mi tarta favorita, esa delicia de queso de Ivano Frankivsk o uno de esos maravillosos croissants de Lviv rellenos de mil placeres.

 

 

Me tengo que conformar con el pan que quemado ya de escucharme se retuerce en la tostadora, pero como consuelo le digo que solo le soy infiel cuando estoy de viaje. Pero entonces miro de reojo al congelador recordando que aún guardo allí, como si fuese un tesoro escondido, rebanadas de pan lituano.

 

 

¿Y a ti, en que país te gustaría desayunar hoy?

 

 

 

 

 

Tazas del mundo | Abril 2019 | Las sandalias de Ulises

 

 

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