¿Cómo es la gente en Arabia Saudí? Lo que nadie (hasta ahora) te ha contado
El ghutra blanco y rojo le cubría parcialmente el rostro mientras tenía la mirada fija en los carriles de una de las circunvalaciones de Medina.
El coche estaba impecablemente limpio, tenía a penas un par de meses y aún olía a nuevo.
“¿Es cierto eso que dicen las noticias de que en España atacan a los turistas?”
Anás quitó por un momento la vista de la carretera y cruzó su mirada con la mía.

“Eh…” me paré a pensar por un segundo en los casos tan aislados en los que había podido suceder eso. Yo no tenía la impresión de que eso estuviera pasando así en España.
“Buenoooo, puede que en algunos lugares estén un poco saturados, pero atacar… realmente no es así“ le contesté.

Medina era un ir y venir de coches y autobuses, era sábado y estaba lleno de peregrinos musulmanes venidos de todos los rincones del mundo.
“No te preocupes, sinceramente, no me creo lo que dicen los medios de comunicación sobre otros países. Nosotros los saudíes somos los primeros que lo sufrimos. La mayoría de cosas que se dicen sobre nosotros no son ciertas. No voy a juzgar a nadie por lo que se dice sobre ellos, nosotros somos los primeros perjudicados “
Su tono era de sinceridad absoluta con un poso de sentimiento de injusticia.

Y tenía toda la razón, no era mi primera vez viajando por Arabia Saudí y tenía clarísimo que los que hablaban mal de los saudíes jamás habían conocido a ninguno.
Cualquier idea preconcebida negativa se caía a pedazos con solo conocerlos.

Hoy te hablamos de...
Ellas decidían
La histórica AlUla despertaba soleada, como tenía por costumbre y a primera hora de la mañana las temperaturas aún eran suaves.

Mientras esperaba a que me trajeran el desayuno a la mesa, Ahmed salió del ascensor y con sus suaves pasos, apareció ante mí con su impecable thobe blanco.
Alto y delgado, su densa cabellera prácticamente blanca potenciaba más aún los rasgos angulosos de su rostro, a pesar de las abundantes canas, Ahmed apenas superaba los 45 años y era como la mayoría de los saudíes muy sociable y hablador.
“Uno de mis sueños es viajar a España, ¿sabes? es que soy muy fan del FC Barcelona.
Se lo propuse a mi familia como destino para estas vacaciones. Había conseguido convencer a dos de mis hijas, las otras dos preferían Rusia, pero el voto de mi mujer desempataba y decidió ella.
Finalmente fuimos a Rusia… que es preciosa, eh! Pero yo prefería España.”
Dijo con cara de compungido.

Su rostro cambió y sus ojos comenzaron a brillar cuando empezó a repasarme todas las alineaciones y los máximos goleadores del Barça, desde prácticamente el año 92, hasta la actualidad.
Tuve que desempolvar un poco la información de mi etapa más futbolera, pero sus conocimientos no tenían nada que envidiar a los de cualquier socio medio de Fútbol Club Barcelona.
“A ver si este verano tengo más suerte y podemos por fin ir a España!”
Se despidió de mi igual de efusivo que había comenzado la conversación y volvió a la oficina del hotel que regentaba.

Fotos entre tumbas nabateas
Mis pies se hundían ligeramente en la arena conforme iba avanzando hacia las tumbas nabateas de Hegra.
Era mi segunda vez allí y seguía siendo uno de los lugares de Arabia Saudí que más me fascinaban, aunque no era ni mucho menos el único.
Un viaje al pasado, a través de las tumbas que los nabateos excavaron en la roca y que habían quedado enterradas bajo las arenas del desierto durante siglos y milenios, pudiendo ser contempladas a día de hoy como si el tiempo a penas hubiera pasado.

Sus ojos, que se veían a través del nikab y eran preciosos como los de la mayoría de las saudíes, se dirigieron hacia el vestido que yo llevaba puesto.
“¡Ese vestido que llevas es de Tabuk!”
“¡Si!” le contesté efusiva.
“Que guapa vas, ¿me puedo hacer una foto contigo?“ me dijo con su encantadora voz
La guía de Hegra se acercó a mi, me cogió por la cintura y nos hicimos una foto juntas.
“Este verano voy a España para aprender español”, dijo ilusionada. Era tan dulce como simpática y ella con su energía y extensos conocimientos, lideraba las explicaciones de la necrópolis nabatea de AlUla aquella tarde.

Entre minaretes y balones
La voz calmada que empleaba durante sus explicaciones en la ciudad sagrada de Medina, se transformaba en puro nervio cuando hablaba del FC Barcelona y se encendía más aún cuando hacía referencia a Laporta.
Le parecía horrible, y ahí coincidíamos totalmente, en como se había gestionado la marcha de Messi.
“Fatal, fatal, fatal, ¡cómo le haces eso al mejor jugador del mundo, que lo ha dado todo por el equipo!” A Anas el fútbol y especialmente el Barça, le tocaban la fibra.

Uno de sus sueños hubiera sido ser jugador de fútbol y lo vivía muy intensamente, tanto, que era capaz de pasar de la calma a la exaltación en apenas un minuto.
Y otro de sus sueños, aún por cumplir, era viajar fuera de Arabia Saudí, cosa que su actual carga de estudios y trabajo no le permitía, pero en el horizonte, aún lejano, se le dibujaban unos más que motivadores meses en Suiza. Aquello le ayudaba a soportar sus maratonianas jornadas.

El mejor arroz saudí, el suyo
Sentadas en el suelo del comedor, entre deliciosos platos de arroz y trozos de pollo, que había cocinado ella esa misma mañana, sacó el móvil para enseñarnos una foto.
En la imagen aparecía un hombre elegantemente vestido, con thobe y bischt, la ropa árabe tradicional.
Superaba ya los 80 años, pero por su arreglada barba blanca y las arrugas de su rostro, muy bien llevados.
“Es mi padre”, nos dijo, con una mirada brillante que transmitía el más sincero amor y una profunda admiración.
Tras más de 60 años de matrimonio y 12 hijos, su madre, era, había sido y seguía siendo, la única esposa de su padre y ambos habían construido con amor, una familia unida y preciosa. Aquello había quedado patente con solo conocer a varios de los hijos.

“Somos 12 hermanos, pero yo solo tengo tres hijos”, dijo riéndose. Dos, las dos chicas, encantadoras, dulces y educadísimas, nos acompañaban también en esa comida tan especial.
Con su oscura y larga cabellera, que habían heredado sus hijas y elegantemente vestida para la ocasión, comentamos, en una mezcla de árabe e inglés, la cantidad de cosas en común que teníamos saudíes y españoles. Las habíamos tenido a lo largo de la historia y las seguíamos teniendo a día de hoy.
Y ello quedaba más que patente en cada conversación.
Ella era profesora de estudios religiosos en un instituto y la primera mujer de toda la tribu en conducir, cuando el gobierno por fin autorizó a ello. Transmitía ser poseedora de una gran personalidad con tan solo una mirada.

Y además preparaba el mejor arroz saudí que había probado jamás. Aquel plato era una delicia inolvidable.
Verse en el espejo
Sus profundos ojos marrón oscuro eran un libro abierto, su mirada era tan transparente como lo era él mismo, y su risa sincera y su sonrisa, sumamente contagiosas, era imposible mirarlo y no sonreír de vuelta.
Él era una de esas personas regalo que aparecen en la vida y que hacen que tu verdadero yo salga fácilmente sin apenas darte cuenta.
Todo lo hacía sencillo, hasta ser uno mismo, sin filtros, sin máscaras, sin matices y sin prejuicios.

A Saad le gustaba mucho conversar, pero como buen saudí, nunca mucho antes del primer café, ese café matutino que él ya había convertido en todo un ritual.
Su elocuencia y vitalidad iban en aumento conforme caía el sol, como criatura nocturna, se activaba conforme comenzaban a dibujarse las estrellas en el cielo.

Era capaz de convertir un picnic improvisado en un momento inolvidable en el que disfrutar de paisajes de postal. Que cruzar andando la locura del tráfico nocturno de Medina pareciera todo un deporte de aventura y aprovechar las largas horas de carretera para plantear interesantes debates que hacían perder por completo la noción del tiempo.

Saad nos había abierto la otra Medina, la de la calidez humana, la de la ahora vibrante vida nocturna, la de puertas para adentro… la de la hospitalidad más sincera. La acogedora Medina que discurría paralelamente al río incesante de peregrinos, su Medina, la de su infancia y la de su familia y ahora también, un poco, la nuestra.

Pero también nos había transmitido la pasión por el desierto, el disfrutar de un atardecer en calma, el valor del olor a leña quemada, esa que llevaba consigo la tradición tan saudí de conversar entre café y dátiles alrededor del fuego. Olor y también calor, que me recordaba a los inviernos con mis abuelos frente a la chimenea. Tan distantes espacio-tiempo, como similares en conexión humana.

Para él todo había sido tan sencillo como verse reflejado, ese efecto espejo que saca lo mejor de nosotros mismos al verlo en el otro.
Y puede que realmente sea todo así de sencillo, encontrarse en el otro.

Al despedirnos no pudimos más que fundirnos en un profundo y sentido abrazo de hermanos.

Viajar a través del otro
No entiendo otra forma de viajar que hacerlo a través del corazón y la mirada del otro, del que nos acoge y nos recibe, del que nos abre su cultura y también su corazón.
Dejando que el lugar y su gente se muestren tal y como son, sin etiquetas previas ni juicios.

Arabia Saudita, se había convertido en uno de mis países favoritos y era sin ningún lugar a dudas por su hospitalidad, su amabilidad y su calidez humana, era sin duda por culpa de todos ellos.
¿Y si aún te estás preguntando cómo es realmente la gente en Arabia Saudí?
Te diré que la gente es simplemente maravillosa.

¿Cómo es la gente en Arabia Saudí? Lo que nadie (hasta ahora) te ha contado | Enero 2026 | Las sandalias de Ulises
Soy Clara, una viajera emocional e intimista.
Cada viaje es un descubrimiento de una parte de mi, conocer otros lugares y culturas ha sido también una forma de conocerme mejor y crecer como persona. ... y cuando vuelves, ves que todo está igual pero tú ya no eres la misma.
También soy comunicadora de viajes en podcast, radio, televisión, charlas, eventos, y he colaborado en diversos proyectos turísticos.
La vida es el auténtico viaje y lo importante es disfrutar de cada etapa del camino, es por ello por lo que Las sandalias de Ulises es un blog de viajes camino a Ítaca.

