La iglesia de Graz que no es como las demás, arte moderno y reflexión en St. Andrä

Tiempo de lectura: 5 min

 

La iglesia de Graz que no es como las demás, arte moderno, diálogo y reflexión en St. Andrä

 

Las abejas revolotean alrededor de las coloridas flores del pequeño jardín, que podría ser como cualquier otro, pero no lo es, es el jardín y también huerto, de la Iglesia de St Andrä, que podría ser una iglesia cualquiera, pero no lo es ni mucho menos.

 

El jardín es solo el preludio, una señal que nos pone en preaviso, “nunca has visto nada igual, aunque tampoco sabemos si estás preparado para ello”, parecen querer decir las abejas con su zumbido mientras van de flor en flor, posándose delicadamente en ellas.

 

Jardin Iglesia de St Andrä en Graz, Austria

 

 

Basta con alzar la mirada para darse cuenta, las paredes exteriores del templo están pintadas con grandes palabras, cada una con una tipografía y un color distinto, obra del artista austríaco Gustav Troger. Otra señal, esta vez legible desde la distancia. No hace falta saber alemán para darse cuenta de que esta iglesia nos está invitando a reflexionar y a dialogar, con ella, con Dios y entre nosotros.

 

Hacernos ver el mundo de otra manera, hacer pensar, reflexionar e incluso plantearnos preguntas incómodas, son algunos de los objetivos del arte contemporáneo. ¿Y conectar con Dios? ¡También! ¿Por qué no?

 

 

 

 

 

 

Historia de la iglesia de St. Andrä

 

Los orígenes de esta iglesia de Graz se remontan al siglo XIV, es en 1340 cuando aparece mencionada por primera vez en un documento. La iglesia medieval daría paso, en el siglo XVII, a una nueva, haciendo los dominicos de ella su nuevo hogar.

La orden fundada por Santo Domingo de Guzmán permanecería allí hasta principios del siglo XIX, pero sería en 1999 cuando comenzarían sus cambios más simbólicos, de la mano de padre Hermann Glettler, sacerdote, historiador del arte y hoy obispo de Innsbruck, la iglesia de St. Andrä abriría sus puertas al arte contemporáneo y también de forma integradora a todas las culturas. El cambio en el barrio iría mucho más allá de las obras de arte.

 

Vidrieras Iglesia de St. Andrä en Graz, Austria

 

 

El arte en la Iglesia

 

El padre Glettler quería que su iglesia además de un espacio de oración y culto, fuera también un espacio cultural. Él consideraba, y sigue haciéndolo desde su cargo de obispo de Innsbruck, que las iglesias son lugares para la gente y por esta razón, todo lo humano, además de lo espiritual, puede tener cabida en su interior. Y eso incluye las artes en sus distintas representaciones.

 

Lampara de Iglesia de St. Andrä en Graz

 

 

El arte ha sido a lo largo de los siglos una de las formas más potentes de transmisión de la fe. El arte sacro en su búsqueda de glorificar a Dios, como transmisor de la palabra y en las épocas en las que los feligreses no sabían leer, también enseñanzas. Pero también puede conmovernos, abrirnos el alma y conectarnos con Dios. 

 

 

¿Y el arte contemporáneo? ¿Tiene cabida en la Iglesia? Para Glettler el arte contemporáneo es una oportunidad, una invitación a dejarse implicar, a reflexionar y a entablar un diálogo interior, siempre que se tenga la mente abierta y se esté dispuesto a ello.

¿Y unir ambos en un mismo lugar? No iba a ser fácil, Gletter recibiría no pocas críticas, lo diferente causa rechazo al principio, hacer cambios en aquello conocido y aparentemente inamovible, como pueda ser un templo, perturba e incluso hay quien lo siente como una provocación y una amenaza.

 

Obispo Hermann-Glettler

 

 

Y aunque en un principio no le fue fácil “salirse con la suya”, su visión integradora se acabó imponiendo, desde 1999 hasta 2016 la iglesia St. Andrä de Graz fue escenario de no pocas intervenciones artísticas, muchas de las cuales aún perduran, convirtiendo además la iglesia en un espacio multicultural.

 

Como buen historiador del arte, el obispo Glettler sigue a día de hoy, tratando de abrir la mente con exposiciones de arte contemporáneo, algunas de ellas no exentas de polémica. Pero la mente humana no puede abrirse e ir más allá si de vez en cuando no la zarandeamos. Y la sacudida de St. Andrä había supuesto toda una revolución a nivel artístico, pero también a nivel social, convirtiéndose en la iglesia de todos, austríacos, latinos, africanos e incluso miembros de otras creencias religiosas.

 

 

Iglesia de St. Andrä como galería de arte contemporáneo

 

El sacerdote Alois Kölbl nos esperaba junto al jardín, frente a una de las puertas laterales de la iglesia. Su pelo, aunque gris casi en su totalidad, no le otorgaba mayor edad, tendría unos 50 años, pero su rostro delicado y mirada de ojos azules encuadrada en unas gafas metálicas, le hacían aparentar muchos menos.

Tras la marcha del padre Hermann Glettler, el padre Alois se había hecho cargo de su legado en la iglesia St. Andrä y también de la pastoral y de la obra social de la parroquia, ubicada en uno de los barrios más multiculturales de Graz.

 

Sacerdote Alois Kölbl, Iglesia de St. Andrä en Graz

 

 

Con su dulce voz nos invitó a entrar. Puso su dedo índice en la comisura de los labios indicando silencio. Al abrir la puerta de la iglesia suaves melodías envolvieron mis oídos, la orquesta estaba ensayando para el concierto de esa misma noche y su música era la banda sonora perfecta para una experiencia aún más envolvente.

 

Una capilla llena de rayajos, cristos de espejos, la sede del sacerdote cubierta por una manguera de incendios, vidrieras con cerdos vestidos, otras con rostros coloridos de mujeres africanas, una cruz doblada… “un sacrilegio”, “qué falta de respeto”, “eso en el interior de una iglesia”, “la iglesia de la polémica”… eran algunos de los comentarios que había leído en redes sociales sobre la iglesia de St. Andrä y sus obras de arte contemporáneo.

Conclusiones demasiado simples y precipitadas, fruto de una mirada superficial y sesgada, que no va, no quiere y no pretende ir, más allá. Equiparable a decir que la piedad de Miguel Ángel es solo un bloque de mármol macizo, que el baldaquino de San Pedro son 63 toneladas de bronce o que Andy Warhol solo copiaba botes de sopa.

 

Altar mayor de espejos, Iglesia de St. Andrä en Graz, Austria

 

 

¿Qué nos impide en muchas ocasiones mirar más allá de lo que se ve a simple vista? ¿Vernos a nosotros mismo frente al espejo y reflejado en él aquello que no nos gusta, también de nosotros mismos?

 

Ya en el interior de la iglesia más particular de Graz, mientras los músicos hacían sonar sus instrumentos, me disponía a ello.

 

Partitura Iglesia de St. Andrä en Graz

 

 

Líneas naranjas en la Capilla de San Andrés

 

Inevitablemente mis ojos se dirigieron a la Capilla de San Andrés, las caóticas líneas naranjas alrededor del altar barroco ejercían un efecto hipnótico. 

El autor de esta colorida obra es el artista austríaco Otto Zitko que trabaja con el dibujo como medio pictórico.

 

Capilla naranja Iglesia de St. Andrä en Graz, Austria

 

 

Si permitimos a nuestra mirada ver más allá de “los rayajos” naranjas, veremos como las líneas, aparentemente caóticas juegan alrededor de la abertura del altar, por donde entra la luz. Sus formas y colores nos conectan con el fuego bíblico, con la zarza ardiente y el fuego de pentecostés. Rodeada de esta fuerza anaranjada que lo invade todo, la Virgen de Lourdes, talla del siglo XIX, nos transmite calma en su postura de oración.

 

Aquella capilla me tenía totalmente fascinada.

 

Virgen de la Capilla naranja de San Andres, Iglesia de St. Andrä en Graz , Austria

 

 

¿Qué hace un cerdo vestido en las vidrieras de una iglesia?

 

Junto a la capilla naranja una colorida vidriera llamó mi atención, “De fondo, verde, el color de la naturaleza”, es el nombre de esta obra del artista austriaco Gustav Troger. En ella, en estilo pop, vemos a un hombre, con cabeza de cerdo y ropas coloridas, caminando rápido y arrogante. La cabeza del animal es la única pieza transparente de esta vidriera y por la que se cuela sin filtros la luz del sol en el interior del templo. 

Gustav nos plantea muchos debates en este vidrio, el drama del hombre, sus prisas, caminando acelerado, convertido en un cerdo al que sobreexplota hasta la extenuación. 

¿Hacia dónde se dirige? Probablemente y aunque con prisas, hacia ningún sitio ¿Es posible para los hombres escoger otro camino?

 

Vidrieras cabeza de cerdo Iglesia de St. Andrä en Graz, Austria

 

 

Un altar mayor forrado de espejos

 

Reflejando la luz que se cuela por las ventanas, el altar mayor totalmente forrado de fragmentos de espejos, también obra de Gustav Troger, hace los efectos de un gran cristal, que transporta la luz a todos los rincones del templo, potenciando la belleza del altar barroco del siglo XVII con el martirio del apóstol San Andrés como protagonista. 

 

Altar mayor de espejos Iglesia de St. Andrä en Graz, Austria

 

 

El altar junto con la columna de espejos y la cruz barroca con el cristo cubierto por una piel de espejo, forman un todo, un conjunto artístico que refleja la luz del sol y con ello la gloria de Dios.

 

Era imposible sacar una sola conclusión y tampoco era necesario hacerlo, esa es la magia del arte contemporáneo, mirarlo con otros ojos, a cada una de las piezas y sus múltiples interpretaciones, tantas como concepciones de la vida y en este caso, también de la fe.

 

Altar mayor Iglesia de St. Andrä en Graz, Austria

 

 

La Iglesia más multicultural y abierta de Graz

 

Una caja de madera de uno de los altares laterales llamó mi atención, en su interior, estaban guardados y perfectamente ordenados, unos cuentos infantiles. La iglesia de St. Andrä de Graz era mucho más que un templo que albergaba obras de arte contemporáneo, era hogar y punto de encuentro de la comunidad, de todas las edades, etnias, idiomas y condiciones.

 

Además de la misa tradicional en alemán, en St. Andrä se celebran también misas en español y en inglés.

La comunidad latina de Graz ha hecho de este templo su centro espiritual, velando no solo por su fe y vida espiritual, sino también como nexo de unión, vínculo y apoyo en la adaptación e integración en la sociedad austriaca.

Pero no son los únicos, la comunidad nigeriana, celebra allí también, sus misas gospel en inglés.

La iglesia de St. Andrä es también un vínculo entre las diferentes culturas del barrio y de la ciudad, abriendo sus puertas a otras comunidades religiosas.

Sede, silla sacerdote manguera Iglesia de St. Andrä en Graz, Austria

 

 

La capilla de Santo Domingo

 

Siguiendo al padre Alois cruzamos la sacristía hasta llegar a la puerta de la Capilla de Santo Domingo, giró el pomo y abrió las puertas a un viaje en el tiempo. 

Construida a mediados del siglo XVII esta capilla con su bóveda de crucería fue sacristía del monasterio hasta principios del siglo XIX.

 

Entre sus bóvedas, testigo del paso del tiempo, aún era visible el escudo de armas de los condes de Herberstein, familia de la que provenía uno de los miembros de la comunidad dominica. Compartiendo este espacio entre sus columnas con otras piezas contemporáneas, la más llamativa de ellas, su altar realizado con pliegues de acero imitando a una suave y delicada tela plegada, como la sábana que cubrió el cuerpo de Jesús tras su muerte, obra del escultor austriaco Michael Kienzer.

 

 

Altar de acero, capilla de los Dominicos, Iglesia de St. Andrä en Graz, Austria

 

 

La cruz de la capilla no era una escultura, como es habitual, sino una gran fotografía hecha por el propio padre Hermann Glettler. En ella aparecía el crucifijo doblado en su mitad inferior.

“Qué ofensa”, “qué falta de respeto”, “qué hace eso en una iglesia”… fueron los comentarios que recibí de supuestos fervorosos creyentes cuando compartí la foto de la capilla con la cruz al fondo, en redes sociales. 

 

Qué fácil es sacar conclusiones cuando miramos con ojos de juicio y no con ojos de comprensión. Lo que decimos sobre algo o sobre alguien dice más de nosotros que del objeto o persona de la que hablamos y en algo con tantas múltiples interpretaciones como el arte contemporáneo, más aún.

 

Esta cruz tenía una fascinante historia detrás, el hoy obispo de Innsbruck se encontraba de viaje por Nigeria cuando al subir a un taxi, en la ventanilla trasera vio esta cruz de plástico deformada por el intenso calor africano. Hermann vio en ella a Jesús crucificado como vencedor del sufrimiento, y su movimiento, como la danza de la vida eterna.

 

Cruz capilla de los Dominicos, Iglesia de St. Andrä en Graz, Austria

 

 

Acogedora y recogida, la capilla de Santo Domingo invitaba a la oración y a la reflexión, elementos para ello no faltaban, al fin y al cabo, de eso se trataba su fusión con el arte contemporáneo.

 

 

Graz, una ciudad integradora

 

El padre Alois abrió la puerta principal de la capilla que daba de nuevo al jardín, las abejas seguían disfrutando del polen de las flores y después de una mañana de lluvia, el cielo de Graz lucía un sol radiante. El sacerdote se despidió con su tímida sonrisa, debía marcharse a la Universidad Karl-Franzens de Graz, donde da clases de arte cristiano. Al igual que su predecesor en St. Andrä, además de teólogo es historiador del arte.

 

Sacerdote Alois Kölbl, Iglesia de St. Andrä en Graz, Austria

 

 

Volví a levantar los ojos, para contemplar de nuevo las palabras dibujadas en el exterior del templo, mi mirada era ahora otra diferente. Aún tenía mucho que asimilar de todo lo vivido allí dentro. Aunque lo que sí tenía cada vez más claro es que en Graz las cosas se hacen de otra forma, pensando en su comunidad, en la integración total sin perder su esencia, en la sostenibilidad ambiental y social, y en su calidad de vida. Desde su arquitectura, hasta sus negocios y hoteles familiares y pequeños comercios, pasando por la agricultura y la fe, sea esta la que sea. 

 

Hay una ciudad en el mundo a la que le importan las personas por encima de todo y esa es Graz.

 

 

 

 

 


Este artículo ha sido escrito como resultado de mis vivencias, visitas y conversaciones con los distintos habitantes de Graz, en el blogtrip Graz Travel Deeper en colaboración con Graz Tourism 

Las sandalias de Ulises tiene el pleno control editorial del contenido publicado en este sitio. El contenido de este artículo está escrito, como todos los demás, al 100% por Clara Estrems

 

 

 

La iglesia de Graz que no es como las demás, arte moderno, diálogo y reflexión en St. Andrä | JUlio 2024 | Las sandalias de Ulises

 

 

Website | + posts

Soy Clara, una viajera emocional e intimista.

Cada viaje es un descubrimiento de una parte de mi, conocer otros lugares y culturas ha sido también una forma de conocerme mejor y crecer como persona. ... y cuando vuelves, ves que todo está igual pero tú ya no eres la misma.

También soy comunicadora de viajes en podcast, radio, televisión, charlas, eventos, y he colaborado en diversos proyectos turísticos.

La vida es el auténtico viaje y lo importante es disfrutar de cada etapa del camino, es por ello por lo que Las sandalias de Ulises es un blog de viajes camino a Ítaca.

Notificar a
guest

0 Comentarios
Comentarios de Inline
Ver todos los comentarios