¿Narnia? Un viaje a través del armario

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¿Narnia? Un viaje a través del armario

 

 

Abro el armario, las bajas temperaturas exteriores me obligan a elegir entre los múltiples abrigos que allí cuelgan, esta pieza de ropa es una de mis debilidades, friolera yo, además me vuelven loca.

 

Curiosas las prendas de vestir que más allá de cubrir nuestra piel nos llevan a otros lugares y a otros tiempos. Nos visten a la par que nos transportan, nos adornan y nos hacen volver a viajar, a revivir momentos, mientras les damos ahora otra vida.

 

 

 

 

 

¿Abrigos en Miami?

 

Dentro de las distintas gamas cromáticas y estilos de abrigos, hay uno especial, que además me devuelve al corazón de Miami Beach. Quién me iba a decir a mi que en la calurosa playa de Miami encontraría uno de mis abrigos favoritos, el que envuelve mi cuerpo con el cálido sol y los ritmos de la ciudad más latina de Estados Unidos, no exactamente, pero podríamos decirlo así.

 

Parecía estar esperándome, era el último, de mi talla y colgaba solitario de una pared. El encantador dependiente de la tienda Armani, de origen cubano, había vivido en España. No sé si me alegré yo más de encontrar la pieza o él de reencontrarse con una pieza del lugar que un día fue su hogar. Pedazos todos ellos de los puzles viajeros.

 

 

Miami Beach

 

 

 

Texturas de Cuenca, Ecuador

 

Sin ir más lejos, me cubren pedazos de América, bajo el abrigo de Miami acaricia mi cuello una dulce y suave bufanda de lana de Ecuador, comprada en el centro de la preciosa ciudad de Cuenca, que maravilla para el tacto la bufanda y para el resto de sentidos la ciudad ecuatoriana.

 

Panama Hat

La cuna de los llamados sombreros Panamá, los sombreros de Paja Toquilla que con el trabajo más delicado y artesanal nacen en la misma ciudad ecuatoriana de Cuenca. Del trenzado más grueso al más fino, cuyo valor puede alcanzar miles de dólares, protegiendo del sol las cabezas de ilustres personajes de talla mundial, y la mía en los días de verano.

Dos preciosos ejemplares ocupan un espacio en mi armario y también en mi recuerdo, indecisa, me hubiera llevado a casa la mitad de los sombreros de Homero Ortega.

 

 

Sombrero de Paja Toquilla, en Cuenca, Ecuador

 

 

Cuenca es una joya cultural que me obsesioné en conocer en mi viaje a Ecuador, aquello de tener una tocaya aquí cerca le daba un atractivo aún más especial; gracias a ella descubrí otro tesoro, esta vez natural, el Parque Nacional Cajas.

Que grata sorpresa fue cruzarlo de camino a Guayaquil. Demasiado corto, demasiado fugaz, aunque lo suficiente como para valorar que allí se encuentra una de las tantas joyas naturales de Ecuador, incontables, infinitas e inmensamente bellas.

Tantos mundo en un país tan pequeño, ya sabemos aquel dicho de que los mejores perfumes siempre vienen en frascos pequeños y en Ecuador se cumple a la perfección.

 

 

Cuenca, Ecuador

 

 

El país latinoamericano fue para mí un flechazo, el mismo que tuve con la propia iglesia de San Francisco de Quito, ciudad que tiene el honor de haber sido la primera ciudad del mundo en ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

 

 

Plaza de San Francisco, en Quito
Iglesia de San Francisco de Quito

 

 

 

 

Compras en Orlando

 

Un bolso de Michael Kors cierra el outfit, un práctico recuerdo de mis últimas compras prepandemia, en Orlando, la ciudad de la diversión, también inabarcable. Antes se agotaran tus fuerzas que la oferta de planes y ocio.

Confesaré que era un poco reticente a este tipo de viajes… y ya van 3 visitas a Orlando y a Disney World.

 

Castillo de Cenicienta en Magic Kingdom

 

 

Sin lugar a dudas los viajes derrumban prejuicios, sobre los lugares y sobre ti mismo, y no pocos.

 

 

 

Guantes viajeros

 

Aunque para prendas viajeras, los guantes, ellos sí que saben del mundo. De Kyiv, de Varsovia, de Cracovia, de Siberia, de Nueva York, de Roma… De tantos colores como lugares. Yo mujer de manos frías son para mí una prenda imprescindible, y ellos, conocedores de mi debilidad me llaman incesantemente hasta venirse conmigo en la maleta.

Dan las notas de color y calor a los grises y fríos inviernos.

 

Guantes naranjas

 

 

Quizá con el tiempo me esté volviendo más práctica y los recuerdos viajeros vistan mi memoria y también mi cuerpo.

 

 

Prendas de Japón

 

“Kwaii!!”, dijeron las dependientas al unísono, en aquel centro comercial de Tokio, en el que el reflejo de sus espejos te absorbía hasta el más profundo interior.

 

Espejos, Tokio

 

 

El pantalón objeto de aquel halago, digno de una obra de papiroflexia, se vino en la maleta, como la camiseta de Tokio 2020, las olimpiadas que nunca existieron en el año en el que el mundo se paró por completo. Esta prenda de algodón es un agujero espacio-tiempo.

 

Tokyo 2020

 

 

 

Pero si hay una prenda que entiende el concepto del tiempo es el precioso kimono verde, estaba esperándome en el interior de aquel templo de sedas y colores, al final de una de las calles con más encanto de Kioto.

El espíritu práctico desapareció por completo cegado por la belleza de la preciosa pieza, amor a primera vista. Y aunque parezca mentira ha vestido mi cuerpo en más ocasiones de las que hubiera imaginado en aquel momento. Pasearme con él puesto por el metro de Kioto fue ya toda una declaración de intenciones.

 

 

Kimono, Kyoto

 

 

La Paris multicultural

 

No puedo decir lo mismo del brillante vestido de ceremonia morado que compré en el barrio musulmán de París. Prendas, todas las que allí se encontraban, dignas de los cuentos de Sherezade, a falta de ceremonias en alguna ocasión forzada hace su aparición en escena, como invocado por el genio de la lámpara.

Esos flechazos que me confirman que ni mucho menos soy tan práctica como me creo.

 

 

Atardecer en París

 

 

 

 

Tejidos de Omán

 

Para flechazo, el que viví en Omán, el precioso Sultanato que me conquistó por completo, hasta el punto de sentir que estaba haciendo de mí una mejor persona.

 

El país del sur de Arabia está también presente en mi armario, en forma de suaves y dulces pañuelos. Pieza del traje típico masculino omaní, que con un característico lazado se ponen en la cabeza. Se me concedió permiso en la propia tienda para transformarlo en su uso.

 

Morado uno y verde el otro, delicados y coloridos como la preciosa Nizwa, su ciudad de origen, de cuento de las mil y una noches, como el propio Omán.

 

 

Pañuelo omaní

 

 

 

 

Moda italiana, zapatos y encuentros

 

Recuerdos también de otras piezas ya desaparecidas, como aquellos botines morados que se rompieron de tanto usarlos, ¿como el amor?  “De Milán tenían que ser esos zapatos” me dijo mi amiga Ewelina. “Ángel” era su apellido de soltera, pero con su pelo rubio, sus ojos azules y su sonrisa permanente, han hecho de él su apodo ya para siempre.

 

No muy lejos de la ciudad italiana a miles de kilómetros de nuestras respectivas casas me encontraría después de muchos años con un amigo común, nuestro querido Jarek que nos descubrió los tesoros de la preciosa Crimea y gracias al cual me enamoré de Ucrania.

 

Puerto Odesa, Ucrania

 

 

En las callejuelas del pequeño estado de San Marino una chaqueta de piel color plata llamó mi atención, decidí volver con calma al día siguiente. Mientras meditaba si lanzarme a comprarla, alguien gritó mi nombre “¡Clara!!”, “¡Jarek!” nos fundimos en un abrazo, “¡justo ayer estuve hablando de ti!“, me dijo.

Las teorías de Carl Jung aparecían en escena, las sincronicidades.

 

Si la San Marino de cuento me estaba hechizando aquello hizo aquel rincón del planeta aún más especial. La chaqueta brilla ahora desde el interior del armario, lo contrario que mi sentido práctico que con ella demostró que brilla por su ausencia. Quién iba a pensar en eso después de un encuentro tan especial.

 

 

San Marino

 

 

Escritores irlandeses de algodón

 

Cómo especial fue uno de los tantos regalos que me traía mi hermana después de un mes en Irlanda. Con apenas 10 años descubriría a James Joyce, a Oscar Wilde, a William Butler Yeats y a Samuel Beckett gracias a una camiseta de algodón, “Irish writers” rezaba.

 

Qué poder tiene esta sencilla prenda de vestir, desde enviar mensajes a adentrarte en el día más fascinante de la vida de Leopold Bloom en Ulises, aunque de aquellos Wilde siempre sería mi debilidad.

 

 

Novela Ulises de Joyce

 

 

Destrozada y hecha girones, muy a mi pesar tuvo que desaparecer para siempre de los cajones del armario, para dejar espacio a otras piezas que estaban por venir. Ese desapego que nunca se deja de poner en práctica.

 

 

Puerta Kaunas, Lituania

 

 

 

Cierro las puertas del armario, la cantidad de kilómetros y experiencias que me han hecho vivir cada una de esas prendas, que son solo una pequeña muestra de esta especie de vuelta al mundo, como lo son los imanes de nevera y las tazas de desayuno. Ni están todos los que son, ni son todos los que están.

 

Las piezas más importantes son las que llevamos dentro, las que incorporamos a nuestro ser ampliando nuestros horizontes.

 

A falta de viajes, siempre nos queda el armario, cruzar la puerta y como en Narnia, adentrarnos en mundos completamente distintos, en los nuestros propios.

 

 

Horizonte, Playa de Xeraco

 

 

 

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¿Narnia? Un viaje a través del armario | Febrero 2021 | LAS SANDALIAS DE ULISES

 

 

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Soy Clara, una viajera emocional y cultureta.
Cada viaje es un descubrimiento de una parte de mi, conocer otros lugares y culturas ha sido también una forma de conocerme mejor y crecer como persona.

... y cuando vuelves, ves que todo está igual pero tú ya no eres la misma.

La vida es el auténtico viaje y lo importante es disfrutar de cada etapa del camino, es por ello por lo que Las sandalias de Ulises es un blog de viajes camino a Ítaca.

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